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Una Campanilla llamada Ale

Forrest Gump

Forrest Gump

Forrest Gump es un chico con deficiencias mentales no muy profundas y con alguna incapacidad motora, que llegará a convertirse en héroe durante la Guerra del Vietnam. Su persistencia y bondad le llevarán a conseguir una gran fortuna, ser objeto del clamor popular y a codearse con las más altas esferas sociales y políticas del país.

Truman sobre mi Blog

Truman sobre mi Blog

A veces algunas personas me llaman por teléfono y me preguntan si lo que escribo es real o imaginado, si me estado de ánimo es el que refleja algunos post o no. El fin de semana pasado estaba leyendo el libro Mamá de Jorge Fernández y encontré una cita de Truman Capote que puede ayudarnos a encontrar la respuesta porque, a veces, ni yo mismo sé si cuento las cosas para que sucedan o si sucenden las cosas que cuento: "El argumento era verídico, y todos los personajes eran reales. No era difícil recordarlo todo, pues no había inventado nada." Truman Capote.

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Breve apunte biográfico

Capote, Truman (1924-1984), escritor estadounidense nacido en Nueva Orleans (Louisiana). Estudió en el Trinity School y la St. John's Academy de Nueva York. A los 23 años publicó su primera novela, Otras voces, otros ámbitos (1948), en la que relata la búsqueda de identidad de un joven sureño. Cabe citar además Un árbol de noche y otros cuentos (1949), El arpa de hierba (1951), Se oyen las musas (1956) y Desayuno en Tiffany's (1958). Su novela más famosa es A sangre fría (1966), una 'novela-documento' que relata el asesinato, sin motivo aparente, de los cuatro miembros de una familia de Garden City, Kansas, llevada al cine en 1967 por Richard Brooks. Capote es también autor de una colección de ensayos titulada Música para camaleones (1980) y del guión para el musical Casa de las flores (1954). Asimismo colaboró en la escenografía de la película La burla del diablo (1954). Su obra fue aclamada por la crítica por su virtuosismo técnico y la agudeza de sus observaciones. Capote murió el 25 de agosto de 1984.

EDUCANDO A LOS MALOS

EDUCANDO A LOS MALOS

Amenudo me pregunto si de verdad somos así de gilipollas. La última vez fue ayer, viendo la tele. Un escáner, decía el telediario. En Rotterdam o por ahí. Un artilugio para detectar droga y contrabando en los contenedores, oigan. El último grito. Y lo vamos a poner aquí, claro. España siempre en cabeza de la tecnología punta, con foto de ministros incluida. Para subrayarlo, el telediario contaba con pelos y señales el funcionamiento del escáner de marras, o sea, atentos a la jugada, tatachín, tatachán, cuando los malos hacen esto, la máquina lo detecta así y lo detecta asá, y suena una campanita. Ding, dong. Premio. Tan bueno es el sistema que vamos, nos repiten, a instalarlo en España; aunque, como el artilugio es caro de narices, sólo estará en uno o dos puertos. Como mucho. Concretamente en los puertos Zutano y Mengano, se informa. Y en los otros, no. Fecha incluida. Con lo cual, señoras y señores, a estas alturas del informativo toda la peña traficante y contrabandista de la galaxia sabe perfectamente que, en el futuro, por esos puertos no debe meter droga ni harta de vino. Ojo. Mejor por otros.

Si sólo fuera lo del escáner, todavía. Pero no. Empeñados una y otra vez en hacer público lo eficaces que son nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad, y lo mucho más que lo van a ser en cuanto puedan, los portavoces correspondientes, gabinetes de prensa, políticos proclives a la confidencia, maderos con amiguetes en la prensa y otros sujetos dados a confundir la transparencia informativa en una democracia con un bebedero de patos, con tal de presumir de eficacia han terminado por convertir los medios de comunicación de masas en perfectos manuales de información para los malos. A cualquier terrorista, narco, psicópata, asesino de la baraja en serie o por menudeo, le basta hojear un diario o sentarse diez minutos ante la tele para averiguar con detalle qué errores cometieron sus torpes colegas de oficio y cuidarse un poquito más de ahora en adelante. Tiene huevos. Después del caso Wanninkhof, verbigracia, o de cualquier otro por el estilo, yo mismo, sin ir más lejos, ya sé que si estrangulo a una colegiala, violo a mi prima Maripili o le doy matarile a Paulo Coelho, sin ir más lejos, debo abstenerme de fumar en la escena del crimen, tener mucho cuidado con el ADN, procurar que no haya arañazos en la pintura de mi coche, y que el fiambre no tenga en las uñas pellejito alguno de mi rumbosa anatomía. Por ejemplo.

La parafernalia de los comandos etarras tiene capítulo aparte. Lo que me sorprende a estas alturas es que se sigan dejando trincar, los subnormales, cuando toda España está al corriente, gracias entre otras cosas a las informaciones puntuales suministradas por los ministros del ramo, de que dos papeles de Susper, la agenda o los disquetes de ordenador de Mortadelo, detalladísimos, son una fuente de información decisiva para la madera y los picoletos, o de que a Mobutu o a Lumumba, o al que sea, le dieron el estás servido porque al alquilar el piso pagó así o asá, porque las pistolas marca La Pava se encasquillan al tercer tiro, o porque la olla exprés para la bomba del atentado tal la compró en Carrefour, el tonto del haba, con la tarjeta Visa del etarra Macario. O sea. Todo eso se publica alegremente un día sí y otro también, con regodeo en los detalles, en vez de decir, no sé, trincamos a estos cabrones y punto, y apuntarle al periodista que pregunta mucho: oiga, chaval, hay una cosa que se llama secreto profesional, o seguridad nacional, o como le salga a usted del cimbel. Así que no fastidie. Lo que pasa es que para eso hay que tener muy claro lo que uno hace, y carecer de complejos, y no estar loco por salir en la puta foto, y no confundir la información razonable y necesaria con el chichi de la Bernarda. Pero claro. En este patio de Monipodio todo cristo tiene esqueletos en el armario, o lo parece, y vive pendiente del qué dirán y del no vayan a creer que yo no soy tal, o que soy cual. Y así les va, y nos va. Estamos en la única democracia occidental donde nos matan a siete agentes secretos y eliminamos de los informativos las imágenes más crudas, cuando los iraquíes se ensañan con los cadáveres, pateándolos a gusto; pero luego retransmitimos en directo, durante los funerales, los rostros de sus familiares y la relación completa con sus nombres y apellidos. Transparencia informativa, llamamos a eso. Aquí. Venga y tóqueme la flor, corneta.

El Semanal 11 de enero

La boda entre papá y la abuela

La boda entre papá y la abuela

Hay en casa de mis padres la típica foto del día de mi roda…, de mi bofa…, de mi boba…, de mí soda…, de mi boda (¡uffff por fin!, ¡qué difícil escribirlo, los dedos no me respondían!) en la que aparece la madrina (o sea mi madre) colgada del brazo de un tipo disfrazado que se parece bastante a mí, ya saben a qué tipo de foto me refiero. Pues bien la pequeña casamentera la vio un día y le preguntó a mi madre: abuela, ¿estás casada con papá?.

La verdad es que yo creo que la pregunta de Ale iba con quintas intenciones porque aquel día, ya saben el día del “no quiero”, (el cura era mayor y un poco sordo) mi madre, aparte de ser madrina, hubiese sido también la novia pero bueno, eso es pasión de madre.

Grande. Alejandro Sanz

Grande. Alejandro Sanz

Yo soy quien
se dormía en las clases de historia.
Y aún me ves
con mi propia manera de ser.

SOY EL NIÑO,
QUE EL AMOR DECLARABA EN FORMA DE CANCIONES,
DISFRAZANDO POR VERGÜENZA
TANTO DELIRIO.

Soy un niño,
a pesar de mis treinta cumplidos.
Sé bien que nunca daré lo que es mío,
los recuerdos con que me crié.

SIEMPRE MÍOS, siempre míos
Y AL MIRARME AL ESPEJO
ENTENDÍ QUE LO IMPORTANTE ES SER IGUAL POR DENTRO.
Y luchar cada minuto
que no se malgaste no quiero hacerme...

GRANDE, NO QUIERO HACERME GRANDE
y traicionar un sueño
GRANDE ES NUESTRA LIBERTAD.

Sé que hay estrellas, no cuántas hay,
no sé muy bien cual es mi edad.
DA IGUAL SI ESTAMOS DE VISITA
creceré, CRECERÉ
sin ser grande es lo que hay.

Yo no soy,
DE ESOS TIPOS QUE FINGEN SER FUERTES,
me falta valor,
NO ME VOY A ESCONDER CUANDO QUIERA LLORAR
porque es más digno mostrar,
el valor en un gesto que brilla un solo instante
PORQUE DENTRO DE NOSOTROS
SIEMPRE LATE SIEMPRE LATE EL ALMA DE UN GIGANTE.

Grande no quiero hacerme grande
Y MORIR POR DENTRO
grande es nuestra libertad, sin cantar...

POR ESAS CALLES CUANTAS HABRÁ
DA IGUAL CIEN AÑOS O UN MILLAR
DA IGUAL SI ESTAMOS DE VISITA
creceré, PERO NO ME HARÉ GRANDE
ESO ES LO QUE HAY.

Y quizá, quizá
cuánta mentira en la verdad... hallarás.
CUENTO CONTIGO SIN CONTAR
ni tus riquezas ni tu edad
YO SÓLO CUENTO LAS SONRISAS
porque estamos de visita
crecerás, CRECERÁS
sin ser grande en libertad.

El 4º Rey Mago

El 4º Rey Mago

"Algunos le llaman a eso locura, otros pericia. Solo aquel que haya oído silbar el viento en los obenques, sabe que en el fondo se trata de la misma historia de siempre, de una historia de amor."

La tarde no estaba para otra cosa, así que mientras tú jugabas con tus juguetes de Reyes no sé dónde, no sé con quién, no sé si echándome de menos como yo a ti, cogí el Cd de Tracy y salí a navegar. La previsión era de viento variable, predominio de componente sur, fuerza dos a tres; mar rizada con mar de fondo norte en torno a un metro, así que no había gran riesgo en salir solo. Cada milla mar adentro era un mes del nuevo año, allí estaban todos los meses por venir: enero, febrero, marzo,... mi futuro estaba a 12 millas, sólo había que salir a buscarlo. Cuando llegué a diciembre viré el timón 180º y la botavara pasó de babor a estribor, la proa enfiló entonces la costa, apenas perceptible, y situado sobre la línea del horizonte plegué velas y eché el ancla para detener mi barco como quien decice parar el tiempo. Allí me quedé un par de horas, hasta que la noche nos abrigó. Emprendí el regreso a mi pequeño pueblito marinero, entonces un punto de luz apenas imperceptible que veía en la lejanía….....

“Y así seguimos, luchando como barcos contra la corriente, atraídos incesantemente hacia el pasado.” Francis Scott Fitzgerald

Noche de Reyes

Noche de Reyes

Hoy es Noche de Reyes y aunque la doctora Susan me ha prohibido que siga escribiéndote cartas como la que ahora empiezo, ella no sabe que te escribo aquí, así que desconoce que en este rinconcito te dejo los abrazos envueltos y te regalo los besos que de otra forma no puedo darte, para que tú, un día, los recojas todos juntos y puedas devolvérmelos en forma de: gracias papá.

Querida hija:

Necesito explicarte que la noche de hoy es mágica, que es la más especial del año. Todo el mundo es niño en una noche como hoy, los niños porque lo son y los mayores porque se vuelven más principitos. Yo, cuando era como tú, soñaba todas las noches del año con esta noche, después, cuando me hice mayor, seguía soñando con tener noches como la de hoy al lado de una niña como tú. Pero una noche, hace poco más de dos años, la estrella que hoy guiará a los Reyes Magos hasta los pies de tu cama pasó de largo y se olvidó de mí. Descubrí entonces que hay sueños que se cumplen y sueños que no, que uno, por mucho que ponga de su parte, no puede realizar aquellos sueños que están en manos de otros, la doctora Susan no se cansa de decirme: que eso es la vida. Yo mientras tanto, cada navidad, sigo echando mi carta a los Reyes Magos al mar, pidiéndote.

No sé si te acordarás pero el otro día en el parque, hablando contigo de lo que pedías a los Reyes, tú me preguntaste: ¿y qué pides tú papá?. Reconozco que no me esperaba la pregunta y en ese momento salí de tu examen como pude pero sé que te diste cuenta porque pasaste tu mano sobre mi mejilla.

Te lo voy a dejar aquí escrito hija, les pido que un cinco de enero podamos llorar juntos al leer esta pequeña carta.

Esta noche, mientras en muchas casas papás y mamás pondrán juntos los juguetes a sus hijos, yo lo echaré de menos, te pondré estos versos y enviaré mi sombra a los pies de tu camita para que vele tus juguetes hasta que te levantes mañana por la mañana y me dejen ir a verte.

Te quiero.


“Todas las personas mayores antes han sido niños. Pero pocas de ellas lo recuerdan.” Antoine de Saint-Exúpery

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No sería honesto ni agradecido si no les reconociese que me me desprendí de un trocito de mi corazón al calor de las canciones de Tracy Chapman Collection y que no me dolió. Ella, sus canciones, un poco de café y la inmensa suerte de poder abrir la ventana de mi casa y oler el mar a las cinco de la mañana hiceron posible que escribiese el post de hoy de un sólo tirón. Dicen que es bueno que la inspiración le pille a uno trabajando, a mí me viene a buscar a la cama de madrugada.
¡Qué les traigan mucho los Reyes! pero solo a los buen@s, sino no habría justicia.

El príncipe de las mareas

El príncipe de las mareas

Tras una infancia traumática que no ha conseguido olvidar, Tom Wingo se ve obligado a revivir su pasado cuando viaja a Nueva York a petición de la doctora Susan Lowenstein, psiquiatra que atiende a su hermana. Un drama único que contiene elementos de suspense, pero cuya fortaleza proviene del romance que nace entre la psiquiatra y el atormentado entrenador, ambos casados. Entre ellos se establece una química fantástica que los atrae en contra de su voluntad y sumerge a la audiencia dentro de su apasionado amor, cuyo final, simboliza la resolución perfecta de la historia.

Bolsitas de chuches con regalo

Bolsitas de chuches con regalo

No lo puedo evitar, me hace gracia que mi hija me pida ninero para comprobar una bolsa de patatas sólo porque dentro hay un cromo, y me pide ayuda para que le abra su bolsita para ver, rápido, la sorpresa que contiene. Luego siempre nos comemos por la calle el paquete de patatas, o de bolas de queso, o de maiz. Un día le preguntaré por qué es tan importante para ella esa pequeña “recompensa”*.
Sé que debería darme más bien lástima por como poco a poco se va introduciendo en una sociedad consumista de la que, espero, algún día pueda salir pero todos fuimos niños y yo aún recuerdo cómo mareaba a mis padres para me comprasen tal o cual golosina sólo por el cromo o la sorpresa que traía dentro. Lo importante, creo, viene después hacerle comprender que ni es tan importante el tazo, ni tan siquiera comprar, sea una bolsa de patatas o unos zapatos Camper. Uno descubre, con el tiempo, que las cosas más gratificantes no cuestan dinero como es oler el mar, un abrazo, o escribir. Además siempre es más bonito comprar para otros, ¿no han experimentado nunca que cuanto más se da, más se tiene?.

*Nota: Estoy dispuesto a hacerle competencia a la mismísima Matutano porque existe todavía esa marca, ¿verdad?. Voy a empezar a confeccionar mis propios paquetitos de chuches: “Carpe diem”. Compraré gominolas (cerditos de fresa), regalices, etc... las envasaré con pegatina y todo y les pondré dentro una pequeña sorpresita. Ya les contaré cómo me funciona el invento.

La sombra del Capitán Garfio

La sombra del Capitán Garfio

No sé qué ocurre en el pequeño universo de Ale pero las cosas se rompen y se caen solas. Yo recuerdo echarle la culpa a mi hermano, que además era más pequeño (imagino que todos los que tienen hermanos mayores ó menores lo han hecho, ó sufrido, según) él tenía menos argumentos para su defensa y yo más presunción de inocencia pero Ale lo resuelve siempre diciendo: “no sé, se cayó solo”.
-¿Pero cómo es posible, Ale?, ¿cómo se va a caer solo?, ¿crees que pudo ser la sombra del Capitán Garfio quien lo rompiese?.
-Sí, sí -me dice aliviada.

Y entonces, ¿qué quieren que les diga?, sólo me queda pedirle que me ayude a recogerlo, o a limpiarlo, depende de lo que haya ocurrido, y confabularnos ambos en que la próxima vez cogeremos al Capitán Garfio -o a su sombra- y lo pagará muy caro.

Cuando llega mi madre a casa, antes de que eche en falta el vaso, Ale se apura a contar lo sucedido. Mi madre mira para mí y yo le digo:
-Sí, sí mamá no te lo vas a creer. Estábamos los dos leyendo un cuento y de repente oímos un ruido en la cocina, como de un vaso que se caía contra el suelo. Yo no quería ir, tenía miedo, pero Ale muy valiente me cogió de la mano y me dijo: “vamos, vamos, tenemos que ir rápido a ver lo que ocurre”, y cuando llegamos sólo vimos la sombra del Capitán Garfio escapando por la ventana, ¿verdad Ale?.
Y Ale se ríe y dice un síiiiiiiiiiiiiiiii muy largo y muy hermoso.

Patch Adams

Patch Adams

A causa de una depresión profunda, Hunter Patch Adams pasó una temporada en el psiquiátrico. Allí descubrió el desdén de la mayoría de los médicos con sus pacientes, una situación que prometió remediar nada más volver a la vida normal. Basada en una historia real, la película es la biografía del médico Patch Adams quien revolucionó a la comunidad médica oficial aplicando singulares terapias consistentes en hacer reír y proporcionar afecto a los pacientes enfermos de cáncer.

103 Dálmatas

103 Dálmatas

La mañana de año nuevo Ale me pidió que jugásemos a ser perrinos, “seremos dálmatas” –me dijo, así que ella sería Perdita y yo, Pongo. Perfecto, cogimos unos lápices que harían el papel de huesos y nuestra caseta estaría debajo de la mesa.
Algo empezó a ir mal cuando a los pocos minutos, caminando a cuatro patas, siento el peso como de un cachorrín sobre mi espalda gritando: ¡Are, are, are caballito!.
-¡Eh, un segundo!, ¿en qué quedamos?, ¿somos dálmatas o soy un caballo?.

Pero algo terminó por ir rematadamente mal cuando la “Perdita” de tres años me dijo: “¡papá, los perros no hablan!”. ¿ ?

Ale la buena

Ale la buena

Ayer Alejandra estuvo con el Príncipe Aliatar en un centro comercial, imagino que contándole todas las cosas que le pedía a sus amigos Reyes Majos (así, con /j/). Cuando le dije si el Príncipe le había preguntado si era buena, ella me dijo que sí.
-¿Y tú qué le dijiste Ale?.
-.Le engañé, le dije que era muy buena.

Pero no se queda ahí la mala leche de la criatura, hace unos días se fue con mi madre a hacer un par de recados y cuando llegaron las dos mi madre me comentó que había sido muy mala y que se había portado mal. Bien, la cogí en brazos y la senté sobre mis rodillas, ¡vamos a hablarlo! -me dije.
-A ver Ale, ¿qué ha pasado?.
-Nada (Ale haciéndose la loca).
-¿Cómo qué nada si la abuela me ha dicho que te has portado mal?.
-Nada, la abuela es mala (Ale echando balones fuera).
-¿Cómo que la abuela es mala?, ¿qué has hecho para que ella me diga que te has portado mal?.
-Nada papá, no te lo puedo decir (Ale haciéndose la interesante).
-.¿Cómo que no me lo puedes decir?, ¿por qué te has portado mal?.
-.No te lo puedo decir papá, es un sequeto (Ale dejándome descolocado)

Se baja de un salto de mis piernas y se va corriendo del salón dejándome en la mas absoluta incredulidad y sin saber qué hacer, porque claro, no le iba a pedir yo a la niña que rompiese su "secreto de confesión” y me lo desvelase siendo uno mismo poseedor de unos cuantos, bien guardaditos en un cajón y cerrados con una llave que se encuentra, al día de hoy, en el fondo del mar matarile, rile, rile. Así que tuve que dar el asunto por zanjado.

TRENES RIGUROSAMENTE OLVIDADOS

TRENES RIGUROSAMENTE OLVIDADOS

Eran otros tiempos, y otros niños. También otros padres. Piensas en eso, melancólico, cuando en el catálogo de una casa de subastas de Madrid encuentras la foto de un vagón de tren de juguete: una cisterna amarilla, de latón, con el rótulo Campsa. La reconoces en el acto, porque ese vagón formaba parte de un tren eléctrico, con vías y caseta de cambio de agujas, que sus majestades los reyes magos de Oriente tuvieron el detalle de dejar en el balcón de tu casa en la madrugada de un 6 de enero, hace más o menos cuarenta y cinco tacos de calendario.

Qué curioso, ¿verdad? Eso de los recuerdos. La foto del vagoncito de tren se convierte de pronto en una ventana sobre tu memoria. En los años cincuenta, los críos aún éramos de una inocencia estremecedora: comparados con los escualos de videoconsola que ahora imponen su ley, el más puñetero meaba agua bendita. Quizá por eso la foto del vagón amarillo suscita imágenes, sensaciones y olores: un niño con abrigo y bufanda, los ojos muy abiertos frente a la vitrina de una juguetería donde se reflejaba, a su espalda, un mundo que parecía seguro, inmutable, perfecto. Música de villancicos, personas mayores cargadas con paquetes y deseándose felices pascuas, figuritas de belenes, corrales callejeros con auténticos pavos vivos, guardias municipales con casco blanco -esos guardias que parecían todos respetables y buenos- a quienes los conductores regalaban cajas de turrón y botellas de vino. Etcétera.

Y luego, en el esperado amanecer de colacao y olores tibios, el tren. En ese tiempo lejano no conocíamos la puta tele, el día de reyes todavía no era un criadero de pequeños psicópatas y retrasados mentales, y sus majestades de Oriente aún no se habían dejado sodomizar por el imbécil Papá Noel de George Bush y sus gringos. Todo discurría con sobriedad razonable: un par de juguetes al año, una muñeca para tu hermana, un balón de fútbol. Eso, claro, los niños con suerte. En cuanto al tren, recuerdas perfectamente cada vagón saliendo de su caja, las secciones de vía que se encajaban unas con otras hasta formar el gran óvalo de rieles negros sobre la alfombra. Y, maldita sea. Tardaste horas en jugar con ese tren. La primera sensación de propiedad fue sólo relativa. Cuando miras atrás recuerdas a tu padre, a tu tío y a un par de vecinos adultos reunidos en torno a las cajas recién abiertas, cigarrillos humeantes en la boca, de rodillas en el suelo, montando el tren eléctrico con tanto entusiasmo como si se lo hubieran traído a ellos, y no a ti. Enchufando el transformador, cambiando de vía, haciendo circular el convoy, tumbados alrededor, sin hacer caso de tus protestas. Luego, zagal. Luego. Lo estamos probando, a ver si falla algo. Vete a jugar por ahí. Criatura.

Ya ves. Ahora, casi medio siglo después, aquel vagoncito amarillo se ha convertido en un objeto de subasta que cuesta un huevo de la cara; y las viejas sombras familiares, el hombre flaco y elegante que fumaba tumbado en la alfombra, los vecinos, el tío, aquellos adultos arrodillados como chiquillos en torno al convoy y las vías, hace tiempo que desaparecieron para siempre y vagan por tu memoria igual que fantasmas, junto al niño de ojos soñolientos que los miraba, impotente, jugar con su tren.

Qué cosas. Apuesto la tecla eñe del ordenata a que no lo reconocerías. Me refiero al niño. De hecho, acabas de situarte ante un espejo buscándolo en el fulano que te mira desde el otro lado del azogue. Nada que ver. Ni rastro de él en esas arrugas, canas, marcas. Cicatrices. Y te preguntas dónde estará, a tales alturas de la feria. Luego enciendes la tele, y ves al sargento Mortimer Kowalski que apunta con su Cetme, o su Emedieciséis, o como se diga, a tres prisioneros en Iraq. Y echas cuentas. En días como estos ocurrió lo de Herodes: ris, ras, y angelitos al cielo. Pero lo de Herodes es un asunto de mala prensa. En realidad se cargó a treinta, como mucho. Belén era un pueblo pequeño.

El caso es que hoy, en la tele, Melchor, Gaspar y Baltasar tienen las manos en alto. Terroristas, los increpa el sargento Kowalski. Fuckings terroristas de mierda. Los camellos yacen por allí cerca, destripados de una ráfaga. Ratatatá. Operación Libertad Que Te Rilas, Petronila, rotula la CNN. En las alforjas de los camellos fiambres ya no hay trenes de juguete. Ahora lo del sargento Kowalski es un juego de ordenador.

El Semanal 4 de enero

90-60-90

90-60-90

Sí ya sé que lo primero que le viene a uno a la cabeza es que esos números se corresponden con las medidas de la modelo de la izquierda. No sé si lo serán, imagino que si no lo son estarán muy cerca pero no, esos números están traídos hoy aquí porque:
90 son las veces que le he contado a Ale el cuento de la casita de chocolate -¡estoy de los xxxxx hermanos Hansel y Gretel...!;
60 las veces que llevo oído “Hola don Pepito, Hola don José” en el radio casette de mi coche, ¡¡ya conozco el árbol genealógico de la familia y hasta donde viven los fulanos!!;
90 las veces que llevo jugando a esconderme detrás de la puerta de mi habitación para correr detrás la fugada por todo el pasillo.

Podría continuar, seguir dando cifras hasta aburrirles: 1.311 porqués; 1.812 cómprame algo, etc, etc.....

¿Alguien del público me podría explicar porque a los niños les encantan las repeticiones del mismo cuento, de la misma canción y del mismo juego?.

Los amigos de Baltasar

Los amigos de Baltasar

Esta año Ale ya disfruta más de la Navidad aunque no distinga aún los días de la semana, los meses del año o las estaciones, no sé por qué todos los días me pregunta si ya es primavera pero creo que la película de Bambi tiene algo que ver en ello.

Ale ya sabe que los Reyes Magos traen regalos y que son tres: el de barba blanca Melchó, el de barba amarilla Gaspá y el negrito Baltasá, lo que yo no sabía -pero Ale sí- es que cualquier negro que ahora vemos por la calle es amigo de su rey Baltasá: “¡mira papá ese es amigo de Baltasá!” –me dice la criatura cada vez que ve a un negrito. ¿Qué le voy a hacer?, la niña me salió así, ya les dije ayer que cualquier día estaremos en una baraja de esas: ella la reina de corazones, yo me pido el comodín.

A río revuelto... ganancia de maquinista

A río revuelto... ganancia de maquinista

Mi hija y yo no tardaremos en ser unos fugitivos y estar en busca y captura, incluso ofrecerán una recompensa por los dos, al tiempo. Ya me veo corriendo por el margen del río con mi niña en brazos y a un americano ofreciendo una rueda de prensa el día de nuestra captura: We get us!.

Por Navidad, en mi ciudad, en el espacio dedicado a una gran feria en verano montan un pequeño parque de atracciones para niños con muchísimos juguetes, castillos hinchables, talleres de barro, teatro de guiñoles, toboganes, laberintos..., bueno ya se imaginan, pero el que será causante de todas nuestras desgracias, la madre de todas la atracciones, es un pequeño trenecito al que pueden subir todas esas criaturas de Dios, sólo si tienen menos de ocho años.

La atracción está rodeada por una pequeña valla de madera de unos cincuenta centímetros fácilmente expugnable, sobre todo si lo que se desea es llevar el control del tren desde la máquina, o sea, el poder. Mi hija no quiere ser pasajera, ni siquiera de primera clase, en ese Orient Express para niños, ella quiere ser la maquinista, ir la primera. Hasta aquí no pasaría nada, todo correcto, el problema surge porque para subir a la atracción hay una única puerta de entrada que a la vez sirve de salida y en la que se forma de una cola más larga que un martes de octubre del 36.

Pues bien, mi pequeña ferroviaria hizo la cola muy educadamente un par de veces hasta que vio que de aquella forma no llegaba nunca a sentarse en la máquina pues los niños se van sentando en el trenecito por orden y resultaba difícil ser los primeros en la cola para luego ser los primeros en subirse al tren y poder elegir el sitio. Así que ni corta ni perezosa mi niña me coge de la mano, me saca de la cola y me pone a la altura de la valla donde siempre se paraba la máquina. Ustedes ya se imaginan por donde va a seguir el relato y yo también me lo imaginé, afortunadamente a las niñas, a diferencia de sus colegas de género pero de más edad, se las ve venir.

El caso es que como dos maquis en el 39 estábamos ya los dos preparados para la emboscada, mi hija con unos ojos grandes como lunas llenas y sus pequeñas manos apretadas y en tensión, y yo, ante lo que se avecinaba, con un periódico en la mano y silbando las primeras notas de la Marsellesa. El tren se para, los niños se bajan, follón de padres que recogen a los niños, barullo de madres que quieren entrar con los nuevos pasajeros y mi hija se pone a gritar como histérica como si hubiese visto a Bustamante: ¡¡¡cógeme, cógeme, cógeme!!!. ¡Zas!, la cojo en brazos y un periquete mi maquinista está sentada en su locomotora. Padres envidiosos que desde los “andenes” empiezan a gritar: ¡¡¡¡eeeeeeehh, oiga, hay una cola!!!, ¡¡no se cuele!!, ¡¡¡¡vaya morro!!!!, y claro acaba viniendo una de las tordas que manejan todo el cotarro a llamarme la atención y yo con cara de llevar foul de ases cojo mi periódico y le digo: “pues no sé lo que ha pasado pero mire aquí dice que hay un tipo en Italia que ha hecho un agujero de 7.000 millones de euros en una industria láctea y nadie se había enterado hasta ahora, ¿no le parece la leche?”. Para entonces mi hija ya había puesto en marcha el trenecito: ¡piiiiiiiii!, ¡chucu, chucu, chucu, chucucha! y yo le gritaba cada vuelta: “Más madera, más madera, traed madera, es la guerra”

Cierre del Blog

Cierre del Blog

“...viéndonos obligados a proceder al cierre del servicio temporalmente, comunicándole, no obstante, que en su próxima reanudación procederá a suprimirse la gratuidad del mismo.”

He recibido un correo del administrador del sistema donde se me comunica lo acabo de escribirles. Al menos blogia.com me ha concedio la última voluntad de poder dejárselo escrito. La verdad es que nunca pensé que fuese a decirles esto, no al menos tan pronto pero: MUCHAS GRACIAS de MEDIO CORAZÓN.

He sido tan feliz contigo. Alejandro Sanz

He sido tan feliz contigo. Alejandro Sanz

A veces sueña con tu alegría mi melodía,
a veces sueño del aire que nos caemos,
qué es lo que iba a decirte yo…

A veces sueña con tu alegría mi melodía
en esas noches que escribo sólo pretextos
lo que quiero decirte, amor
es que he sido tan feliz contigo

Tal vez porque esta noche
no vaya a ser lo que se dice
una noche inolvidable… no por ti
la culpa es mía por fingir que todo me da risa
y que la culpa es de la prisa o es del frío
pero vamos… que yo sé que es culpa mía

Que curioso es el silencio…
no sé qué es lo que es,
pero hay algo en nuestras vidas
y en esta noche yo enloquecería
si al amanecer te fueras sin haberte dicho:
que yo he sido tan feliz contigo

A ver si sueña con tu alegría mi melodía,
a ver si sueño y te agarras que nos caemos
o que ese sueño me apague el sol
si yo no he sido tan feliz contigo

Yo puedo hacer que traiga la noche
media luna fría,
puedo fingir que no te he visto
pensar que yo no soy lo que querías
pero con todo te lo digo:
yo he sido tan feliz contigo… yo he sido tan feliz…

A veces sueña con tu alegría mi melodía,
a veces sueño del aire que nos caemos,
a veces sueña mi sueño, amor

A veces sueño que no amanece, que nos perdemos,
y un firmamento de estrellas me da el aliento
que lo oiga el mundo y lo escuche Dios:

“yo he sido tan feliz contigo”

Mi primo Rubén

Mi primo Rubén

Tengo entre mi familia a un primo que se parece bastante al menda de la foto de la izquierda pero en fin, ya saben que lo importante es el corazón. El caso es que el día de Navidad se sentó a nuestra mesa y la piratilla empezó su tercer grado particular ante jolglorio de los comensales:
-Papá, ¿por qué ese señó lleva pendientes?.
-Papá, ¿por qúe ese señó lleva collares?.
-Papá, ¿por qué ese señó lleva una calcomanía en la pierna?.

Al final y antes que de que a la pequeña comisaria se lo ocurriese sacar un flexo y enfocarle directamente a los ojos, acabé resolviendo todas sus dudas diciéndole que mi primo era un pirata y que por eso tenía esas pintas.

Entonces ella le dijo en un tono amenazante y de tutu total:
-Pues mi papá es amigo de Pipi Pam y ganan siempre al Capitán Garfio.