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Una Campanilla llamada Ale

En la otra orilla. Rosana

En la otra orilla. Rosana

Antes de empezar yo te perdono
en brazos de este amor
me estaba haciendo lodo
Antes de empezar me gustaría
saber por qué este amor
se hizo pesadilla
... y si tus besos no son mi orilla
naufragaremos toda la vida

Antes de seguir con esta historia
de todo lo mejor
lo guardo en la memoria
Antes de seguir y castigarnos
prefiero el corazón
de pie que arrodillado

... y si tus besos no son mi orilla
naufragaremos toda la vida

Antes de acabar de despedirme
tienes que saber
que no me marcho triste
que no quiero herirte aunque me pierdas
ni que me hagas daño aunque me quieras

Y antes de seguir con desengaños
te dejo esta canción
como único legado

... que si tus besos no son mi vida
navegaremos en otra orilla
y si tus besos no son mi orilla
naufragaremos toda la vida

Mediterráneo. Joan Manuel Serrat

Mediterráneo. Joan Manuel Serrat

Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas duerme mi primer amor,
llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya,
y amontonado en tu arena guardo amor, juegos y penas

Yo que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno
que han vertido en tí cien pueblos, de Algeciras a Estambul,
para que pintes de azul sus largas noches de invierno.
A fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos
como el recodo al camino. Soy cantor, soy embustero,
me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero.

¡Qué le voy a hacer si yo nací en el Mediterráneo...!

...Y te acercas, y te vas después de besar mi aldea,
jugando con la marea te vas, pensando en volver,
eres como una mujer perfumadita de brea
que se añora y se quiere, que se conoce y se teme.

¡Ay! Si un día para mi mal viene a buscarme la parca,
empujad al mar mi barca con un Levante otoñal
y dejad que el temporal desguace sus alas blancas.

Y a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo.
En la ladera de un monte, más alto que el horizonte,
quiero tener buena vista. Mi cuerpo será camino,
le dará verde a los pinos y amarillo a la Genista...

Cerca del mar, porque yo
nací en el Mediterraneo.

La Copa América

La Copa América

Míralo hija, mira qué hermoso es. Es el Alinghi. Es un barco, como el tuyo, como el nuestro. Bueno quizás no sea como el tuyo y el mío, tú sabes que el nuestro es más bonito porque nos lleva siempre a donde queremos pero verás hija, el Alinghi en el 2007 será nuestro barco, nos representará, defenderá nuestro honor. Probablemente nunca navegaremos en él pero sí estaremos allí, en nuestro pequeño velerito de nombre Carpe diem, para que no se sienta solo, para ayudarle a orzar, para soplar sus velas.

Ayer se supo que Valencia organizará la Copa América en el 2007 y este es un hecho histórico, por primera vez en 152 años la Copa América viene a Europa y además lo hará aquí muy cerquita, casi en nuestro mar. Sé que a ti todo esto (todavía) no te dirá nada pero créeme si te digo que en la vida se hacen cosas que sólo se entienden y se valoran mañana. Un día te contaré 152 años de historia, de tradición, de honor, de barcos, de mar y de viento.

Ayer salí de trabajar y fui a verte en tren, llovía y hacía frío. Te recogí en un pequeño centro comercial para llevarte a una cafetería cómo única opción, así que para allí fuimos, a veces “colgada como un jamón”, a veces como una amazona aunque protesten mis cervicales y otras, las más, porque ya te vas haciendo niña, cogidos de la mano caminando tranquilamente pegaditos a los edificios para procurar mojarnos los menos posible.

Llevaba preparado un pequeño block y una caja de lápices ALPINO para pintar una puerta por la que poder pasar y no tener así que respirar el humo, ni oír el ruido de aquel café. Empecé a pintar la mitad de la hoja en azul y te pedí que dibujases el Carpe diem. Luego yo dibujé un velero más grande al que llamé Alinghi y te pregunté si vendrías conmigo en el 2007 a Valencia a verlo, a estar en la Copa América. Me dijiste que sí, imagino que sin ser muy consciente a qué, pero yo me prometí que hoy compraría un periódico y haría un barquito de papel con la hoja de la noticia, se quedaría en la habitación que tienes en mi casa hasta el 2007 para recordarme el sueño y para que tú, un día, me preguntes qué hace ese barquito de papel en ella. Entonces te contaría el día de ayer y el de hoy, te contaría que cuando llegue la fecha, antes de irnos, tenemos una obligación con la historia, con nuestra historia, deberemos echar aquel barquito de esperanzas al Cantábrico para después partir al Mediterráneo.

Cuando lleguemos, te leería este pequeño cuento para que vieses que los sueños Ale, a veces, se cumplen, que sólo basta alimentarlos de vez en cuando con lágrimas y unas pocas miguitas de pan. Para entonces tú ya sabrías hacer barcos de papel porque yo te habría enseñado y harías uno con esta hoja. Lo botaríamos al mar y navegaríamos los tres: el Alinghi, el Carpe diem y el Noviembre, que así bautizaríamos a tu barco, porque en noviembre se conoció la noticia, porque en noviembre te escribí este relato, porque en noviembre ya huele a navidad….. porque noviembre es mi vida y para que tú me preguntes por qué.

¡Oh capitán, mi capitán!

Borracho de ti

Borracho de ti

Hay muchas veces que me siento en frente de este folio en blanco sólo para traerte, para dibujarte con palabras, para sentirme menos solo. Me duele pensar que te escribo para huir en vez de para acercarme, ¿por qué sino lloro en vez de reir y ser feliz?.

Veo parpadear el cursor y me gusta pensar que es tu corazón el que late pidiéndome aliento. Entonces cojo la botella llena de ti y me sirvo una copa, la última -me digo, la última vez que me emborracho de ti. Miro el reloj y me pregunto que estarás haciendo justo en este momento: “a lo mejor me está escribiendo”, “quizás yo sea su último pensamiento”.

Bebo esperanzas, el vaso está lleno. En cada trago van mis deseos así que bebo y bebo, y no es fácil porque tus tragos duelen, la herida no termina de cicatrizar. Bebo con la confianza de que al menos algún deseo se cumplirá, por una cuestión estadística, o por probabilidad, o porque le doy lástima a alguien. Con el último sorbo ¡siempre es el último!, cuando la botella y el vaso están ya vacíos, aprieto mis ojos, los cierro con fuerza y consigo irme contigo.

Cuando llego a tu habitación disimulo como puedo mi estado porque estás esperando por mi beso y por mi cuento. Cuanto más borracho está papá más divertidos y locos son sus cuentos y más feliz eres tú en tus sueños. Lo que no sabes hija es que mi borrachera es de ti, de dolor pero eso qué importa.

Nada más dormirte, como si fuesen las doce de la noche y estuvieses viviendo un cuento infantil, alguien me coge y me lleva devuelta mientras veo, nuevamente, como te quedas allí abajo una vez más, y te me escapas entre mis dedos, disuelta, líquida, aunque el espíritu sea yo.

De vuelta a mi escritorio me froto los ojos de cansancio, me seco las lágrimas del viaje y cuando los abro todo sigue igual: la botella, el vaso, el ordenador, el hotel y algunas luces de algún barquito pesquero faenando aún en el horizonte. Me divierte pensar que eres tú quien está ahora soplando la vela que se quedó encendida mientras estuve contigo. Me ayudas a levantarme de la silla y camino con mucho cuidado hacia el mueble bar. Me tranquiliza abrir la puerta y ver que aún me quedan un par de botellas de ti para esta noche, o para la de mañana. Por si lo necesito. Por si me dueles.

Yo soy Sam

Yo soy Sam

Una conmovedora historia en la que Sean Penn da vida a Sam, un deficiente mental que deberá luchar por conservar la custodia de su pequeña hija. De su defensa se encargará una prestigiosa abogada interpretada por Michelle Pfeiffer, cuyo desinterés y frialdad inicial cambiará tras conocer a Sam, descubrir el amor que siente por su hija y comprobar su determinación por defender sus derechos como padre.
Excelente Banda Sonora, compuesta en su totalidad por temas clásicos de los Beatles, hacen de ésta una maravillosa película que te llegará al corazón.

No hay un corazón que valga la pena. Miguel Bosé

No hay un corazón que valga la pena. Miguel Bosé

No hay un corazón que valga la pena
ni uno solo que no venga herido de guerra
y sigo aqui......cuanto silencio hay
Cuanto silencio no se
El tiempo agotado en compases de espera
dibuja un desierto por dentro y por fuera
quien tira pa´atras a quien logre acercarse hasta aqui
no quiero pasados cargados de impuestos
no busco imposibles en cielos abiertos
pero algo que valga la paz por la que hay que apostar

Amor inmenso y sin herida
sin historia y a medida
amor que no haga mas preguntas
preparado a no entender
amor que mire bien de frente
suficientemente fuerte
amor que no busque salida
y que no cueste la vida

No hay un corazón que valga la pena
no hay un puto corazón sin carga o problema
olvidalo

no hay un corazón
no hay un corazón que no vaya de pena
no hay un puto corazón en toda esta tierra
Que de descanso y no haga preguntas
olvidalo
Quisiera que hasta donde te escondes
contarte de una vez que razones me rompen
dejar de hechar tanto de menos a tu corazón
y quisiera tenerlo, robarlo aunque fuera
dejar de negar que aun me vale la pena
aquel corazón que me late dentro de ti

La vida es bella

La vida es bella

Guido (R. Benigni) es un buen hombre que vive en la Italia prefascista y que sueña con tener su propia tienda de libros. Un día conoce a Dora, una joven maestra de la que se enamora perdidamente. Tras conseguir su amor se casan, tienen un hijo y montarán la tienda de libros. Sin embargo los problemas aparecerán pronto y toda la familia será reclutada a un campo de concentración donde sufrirán, por separado, la guerra.

La música

La música

Ale empieza a disfrutar de la música sin saber que un día me cambiará por un cantante más joven y más guapo, sin ser consciente que un día cambiará nuestros juegos en el parque por un concierto de rock.

Hace meses me pidió que bailase con ella (los tiempos cambian) la canción de la película “La bella y la bestia”. Ella sería bella y muy guapo me debe de ver cuando me dijo que yo sería el “píngipe” (dicho así) y no la bestia, que es quien realmente baila la pieza con ella: “Se oye una canción...”. La cogí en brazos y ella me la cantó al oido.

Lo que no sabe Ale es que todo empezó hace un año, cuando una tarde de domingo volviendo para su casa, en medio de la autopista, desde su asiento de atrás me dijo: ¡papá mira las trompetas!.

Los nadies

Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

. Eduardo Galeano

Puede que. Miguel Bosé

Puede que. Miguel Bosé

Por un beso robado
A pesar de tu boca
Colgaria mi vida de un hilo
Por mi muerte no quiero otra cosa

Por un beso que es mio
Y que sigo esperando
En la urgencia de dos corazones
Que no saben que hacer con su herida
Que no saben que hacer con su herida
Que no saben que hacer y se olvidan

Por un beso secreto
Paciente en tu boca
Hartaré de locura mi sangre
Venderia mi alma y su sombra

Y puede que
Saber que me quieres
Quererme y no puedas
Yo seré del cielo que me entregues

Y puede que
Me pierda en el aire
Con paso sereno
Yo seré del cielo que me entregues
Del cielo que me entregues
Del cielo que…..

Por un beso que puede
Hoy no tenga sentido
Por un beso querido a medida
Que despacio nos cuesta la vida

Por un beso robado
A pesar de tu boca
Colgaria mi vida de un hilo
Por mi muerte no quiero otra cosa
Così se riesci e se vuoi
Tu non perderti mai
E sarai…….

Y puede que….
Y puede que
Saber que me quieres
Quererme y no puedas
Yo seré del cielo que me entregues

Y puede que
Me pierda en el aire
Con paso sereno
Yo seré del cielo que me entregues

Pensé que lo había visto todo

Pensé que lo había visto todo

Hubo un tiempo en que admiraba el oficio de periodista, cuando además las cosas se llamaban así, por su nombre, ya saben, los profesores eran maestros y los vendedores no eran ejecutivos comerciales. El periodismo era un oficio y no una profesión. Incluso pensé en hacerme periodista -nacer ya había nacido- así que algo ya teníamos ganado.

El periodista de entonces reunía las tres cualidades que fascinaban a cualquier niño, y en este punto me veo en la obligación -por justicia y ecuanimidad- de abrir un paréntesis (a un niño de los antes, claro). Decía que tenía, al menos, tres rasgos que a todo niño con un poco de imaginación no le gustaría perder en su edad adulta: aventura, investigación, escribir.

Desde hace años, al igual que “las niñas ya no quieren ser princesas”, si no es para parecerse a la de Mónaco, ni los periodistas son periodistas, ni los periódicos son periódicos. Ahora los periodistas, a los que incluso muchos llaman periolistos, quieren ser más famosos que los famosos, ser tertulianos y salir en Salsa Rosa o en Crónicas Marcianas.

A tal desprestigio hemos llegado en el cuerpo, en el cuerpo de la profesión, que ahora incluso los hay que se autoproclaman periodistas -por la gracia de Dios debe ser- sin serlo, lo que ya representa el colmo de los colmos. El periodismo ya no es un fin sino un medio, un medio incluso para llegar a ser reina de España como se ha podido comprobar recientemente en este país que me vio nacer. El descrédito es total, es lo malo tiene la globalización, que a poca estupidez que haya, ésta se globaliza y, nada de “aquí a unos años todos calvos”, de aquí a unos meses -porque ni tan siquiera se necesita que pase mucho tiempo- todos estúpidos.

Oír decir a un periodista que su deber es informar y defender la objetividad aún me eriza la piel, ¿qué quieren que les diga?, es cómo oír, a estas alturas de la película, que EE.UU. invadió Irak en busca de armas químicas. ¡Ya, y Marujita tiene 52 años y no lleva peluca!, no te jode. Ahora el periodismo es uno, grande y libre, no sé si me entienden.

Tuve un primo que también abandonó. Durante años fue corresponsal de guerra y ahora se dedica a navegar y a escribir historias de un espadachín de tres al cuarto, algún que otro libro y artículos semanales con muy mala leche el tío. Lo cierto es que él sigue siendo periodista de los de antes, de los de siempre, de los que yo admiraba, a los que yo me quería parecer cuando fuese mayor, los que han cambiando han sido los periódicos y sus lectores, que se han ido incorporando a esto que mi gatita inglesa llama el show business.

Bueno y ustedes se estarán preguntando, llegados a este punto, ¿a qué viene tanta mala bilis?.

Pues verán, les cuento. Si a mi hace unos años me hubiesen dicho aquello de: ¿fabas+morcilla+chorizo?, enseguida hubiese respondido: fabada. Bueno pues hoy ni tan siquiera esto se respeta. Por si no fuese suficiente sacrilegio enlatar una fabada ahora va un periódico (La Voz de Asturias) y con motivo de la celebración de me importa un carajo el qué, el próximo domingo 30 de noviembre regala a sus lectores, con la compra del periódico, una lata de fabada. Así como se lo digo. Con un par (y no sé si será suficiente), como diría mi primo: “tengo el recorte”.

Pero, ¿saben una cosa?. Que a pesar de todo lo que les he dicho el domingo me lo voy a comprar. Con el periódico me limpiaré el culo, como hacían antes, como me decía mi abuelo (¡a tu salud viejo!) y la lata se la voy a tirar a la cabeza del “creativo” de la genial idea.

¿Saben qué es lo que más me duele?. Dos cosas. Una, que mi hija va a crecer con este tipo de prensa y dos, que antaño hubo gente que dio su vida por en lo que hoy se ha convertido esta puta profesión.

Capitán Keating

A Copito de Nieve, que ha fallecido hoy. Más humano que muchos hombres que he conocido. ¡Vamos quedando menos amigo!. Buen viaje, ya nos vemos arriba.

La culpa es de uno

La culpa es de uno

"Quizá fue una hecatombe de esperanzas
un derrumbe de algún modo previsto
ah pero mi tristeza sólo tuvo un sentido
todas mis intuiciones se asomaron
para verme sufrir
y por cierto me vieron

hasta aqui había hecho y rehecho
mis trayectos contigo
hasta aquí había apostado
a inventar la verdad
pero vos encontraste la manera
una manera tierna
y a la vez implacable
de desahuciar mi amor

con un solo pronóstico lo quitaste
de los suburbios de tu vida posible
lo envolviste en nostalgias
lo cargaste por cuadras y cuadras
y despacito
sin que el aire nocturno lo advirtiera
ahí no mas lo dejaste
a solas con su suerte
que no es mucha

creo que tenés razón
la culpa es de uno cuando no enamora
y no de los pretextos
ni del tiempo

hace mucho muchísimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno

ahora estoy solo
francamente
solo

siempre cuesta un poquito
empezar a sentirse desgraciado

antes de regresar
a mis lóbregos cuarteles de invierno

con los ojos bien secos
por si acaso

miro como te vas adentrando en la niebla
y empiezo a recordarte".

Benedetti

El origen de las cosas

El origen de las cosas

Hay días en los que uno siente la necesidad de darse de baja como ser humano y darse de alta como un pez, que le metan a uno en una pecera y pasarse el día diciendo siempre lo mismo: "ba, ba, ba". Lo que ocurres es que siempre quise ser un tiburón pero no sabía cómo lograrlo, hasta que hoy...

La puerta

La puerta

Ale tiene una puerta que no sabe que tiene. Una puerta por la que aparecen caballos y les susurra que en el mar hay árboles. Los caballos de Ale llevan calcetines y no tienen pezuñas, son zapatos sin cordones.
Ale tiene una puerta que se abre al mundo sin que ella la abra. No lo puede evitar, su puerta se abre cada vez que pestañea. Es una puerta libre, por la que entran todos sus sueños y se escapan todas sus fantasías que yo recojo con un cazamariposas.
Ale tiene una puerta sin cerradura, abierta al cielo, a las nubes y a las estrellas, por la que yo puedo regresar a su mundo infantil hasta que ella quiera.

Vidas. REVOLVER

Vidas. REVOLVER

Hay vidas pequeñas vidas gigantes
Hay vidas montaña hay vidas guisante
vidas que caben dentro de un puño
vidas que encierran un mundo, mil mundos.

Hay vidas opacas tristes y oscuras
vidas que brillan como la luna
vidas que huelen a menta y canela
vidas que apestan hasta el que las lleva.

Grita fuerte qué esperas de mí, grítame qué esperas de mí
Ahora que estas sentada y sin reír y si es posible coincidir
Grita fuerte que esperas de mí grítame qué esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír qué esperas de mí

Hay hombres usados por todos a un tiempo
Y hombres que usan a todo su pueblo
Tipos que importan hasta las piedras
Tipos que a nadie si se va o si queda
Hay mujeres que llevan el fuego en el alma
mujeres que nunca les prende la llama
Personas en serio personas en broma
Pero al fin y al cabo todos personas.

Grita fuerte qué esperas de mí, grítame qué esperas de mí
Ahora que estas sentada y sin reír y si es posible coincidir
Grita fuerte que esperas de mí grítame qué esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír qué esperas de mí.

Y aunque el futuro a veces sea un mal trago duro de imaginar
Seguiré aquí sentado si es posible sin reír.
Mientras tú gritas qué esperas de mí.
Mientras tú gritas qué esperas de mí.

Grita fuerte qué esperas de mí, grítame qué esperas de mí
Ahora que estas sentada y sin reír y si es posible coincidir
Grita fuerte que esperas de mí grítame qué esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír
Qué esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír
Qué esperas de mí
Ahora que estoy sentado y sin reír
Qué esperas de mí

Mi niña

Mi niña

Mi niña ya sabe hacer la letra /a/ y ayer cuando me pidió que la ayudase a hacerla yo, torpe de mí, le hice esta /a/ pero ella me dijo que su /a/ es abierta que su /a/ tiene tres palitos, que su /a/ es esta /A/.

Mi niña va al colegio y sabe todos los números necesarios para construir todos los demás. Se lanza a la aventura de escribir sin miedo y escribe Aes muy grandes con su manita izquierda. Mi niña hace As sin parar, una y otra, una y otra. As que no son As pero para ella sí y a mí se le parecen. Te pide A-yuda para seguir haciendo As. Aes que utilizará un día para escribir Amanecer, Amistad..., Amor.

Para mi niña los días de la semana son siete: Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Sábado y Viernes.

Mi niña canta la canción de Marco y la mitad de las palabras las dice mal pero la canta entera, canta, canta, canta, ¿sabéis lo que significa oir cantar a tu hija?.

A mi niña le gusta atarme con mi bufanda a un árbol y ver cómo pido ayuda, cómo pido su auxilio, sólo porque un día se me ocurrió atarla con una cuerda imaginaria a una farola para hacerla prisionera de mi vida, y ella ríe y ríe. Entonces ella me desata bajo mi juramento de niño perdido que no volveré voy a ser malo.

Mi niña hace pulgarcitos en el dedo de una mano y cuando yo le pedí que me los hiciese en los diez dedos de las manos ella sonrió y entonces me pidió que también quería hacérmelos en los dedos del pie.

Mi niña le pone mal el acento a la palabra bolígrafo y ella dice “bóligafo”. Crece, y ya coge un lápiz o una pintura sin saber que con esa paleta dibujará su vida y la de los demás. En silencio, le voy mezclando sus colores, preparando sus lienzos, construyendo sus marcos mientras, ella, un día decidirá qué cuadro dibujará.

ULTIMOS AÑOS CON MARSÉ

ULTIMOS AÑOS CON MARSÉ

No había nadie, rediós. O casi nadie. Estaba allí Juan Marsé en persona, y se habían juntado cuatro gatos: medio centenar de alumnos de la universidad de Barcelona, algún profesor y dos o tres periodistas. Hacíamos más bulto los invitados, los amigos del escritor y los estudiosos europeos y norteamericanos especialistas en la obra del homenajeado. Y al contar cabezas me quedé de pasta de boniato. Anda la leche, pregunté. Dónde carajo están todos. Profesores, catedráticos, concejales de cultura. Gente así. Hasta ese momento había creído que un simposio internacional de tres días y quince conferencias y mesas redondas, una detrás de otra, sobre la obra del autor de últimas tardes con Teresa, en la ciudad que tiene el privilegio de contarlo entre sus vecinos, sería un tumulto de gente dándose de hostias en la puerta para conseguir un asiento desde el que asistir al despiece minucioso de la obra de quien, con el buen abuelo Delibes, es uno de los dos grandes novelistas españoles vivos de la segunda mitad del siglo XX. Pero nasti de plasti. A pocos metros de allí, por los pasillos de la universidad, me había cruzado con profesores y alumnos que salían de clase. Algunos de esos profesores, pensé, enseñarán Literatura. Supongo. Cobrarán un sueldo por eso. Y en vez de estar ahora sentados aquí con sus alumnos, zascandilean por ahí tomando un café o rascándose los académicos huevos. Imbéciles.

Marsé, por supuesto, estaba a lo suyo. Impasible, con su cara de tipo duro, que a mí me gusta asociar con la de un viejo boxeador marcado por la vida, respondía a las preguntas de los conferenciantes y del público con la cachaza tranquila de quien lo tiene todo muy claro. Oyéndolo hablar de su personalísimo territorio novelesco, de cómo sus voces narrativas, hijos, sobrinos o nietos de héroes cansados cuentan el ocaso de hombres curtidos en cien batallas que terminan llorando como niños por las tabernas, no pude menos que recordar unas palabras de Rafael Chirbes aplicando a Marsé lo que el poeta Cernuda dijo en cierta ocaSión del novelista Galdós: es tan grande que sabe colocarse a la altura de sus personajes, incluso de los más abyectos, poniéndose con ellos tan a ras del suelo que los tontos y los pedantes lo toman por pequeño.

Y nada más cierto, oigan. Que de tontos y pedantes Marsé sabe un rato largo. A estas alturas nadie discute ya su talla literaria, ni el peso decisivo que su obra tiene en la literatura española contemporánea -mis favoritas son últimas tardes con Teresa, Si te dicen que caí, Un día volveré, La oscura historia de la prima Montse y el cuento Teniente Bravo-. Pero no siempre fue así. En las hemerotecas hay pruebas clamorosas del ninguneo al que lo sometieron, en su día, los mandarines de la alta literatura y las bellas letras. Pero, claro. En otro tiempo comunista -del Pecé francés de Francia, ojo, un sitio serio- incómodo para los pijos de la alta burguesía catalana y las chochitos locos que jugaban a ser izquierda de barra de bar, Marsé tuvo y tiene, encima, el descaro de escribir en español y de seguir ejerciendo de mosca cojonera para el nacionalismo pujolista, sus epígonos y derivados; que, en la obsesión por tener a toda costa un Nobel que escriba en catalán, llevan años promocionando a un paniaguado mediocre llamado Baltasar Porcel. Que no tiene nada que decir, y a quien, además, nadie hace ni puñetero caso.

Lo cierto es que Marsé dejó atrás hace tiempo la linea de sombra a partir de la cual la envidia y la mala fe ajenas dejan de hacer daño a un novelista, sometido ya al juicio inapelable de sus lectores. Por eso llama tanto la atención que los presuntos responsables culturales de la ciudad donde vive -una ciudad que siempre hizo de la cultura su emblema- miren hacia otro lado en momentos como éste. Y claro. Te preguntas si saben lo que tienen. O si lo merecen. Me refiero al lujo de decir a los jóvenes estudiantes: mirad, en esta calle, en esa casa, vive Juan Marsé. Un escritor grande con quien todavía se puede hablar, porque está vivo. Pero no. Esperan, como siempre, a que palme. Entonces se volcarán en incienso al novelista ausente e imprescindible. Gran pérdida, etcétera. Lo que ignoran esos oportunistas es que Marsé y yo hemos discutido ya el asunto, entre uno y otro vaso de vino. Si le sobrevivo -aunque nunca se sabe- he prometido escribir un largo y detallado artículo, aquí o en donde toque. Se titulará: “A buenas horas, hijos de la gran puta”.

El Semanal 23 de noviembre

El universo de Ale

El universo de Ale

Todo empezó en Julio de 2002 cuando estaba placidamente sentado a la orilla del mar con mi hija una tarde de verano. La observaba tiernamente y con curiosidad, imagino que en el mismo estado de gracia que alguno de ustedes habrá tenido la oportunidad de experimentar al ver como unos cachorrillos se lanzan, sin ningún temor, a jugar con la vida. Lo cierto es que estaba, como digo, ensimismado contemplándola, viendo como saltaba las olas, como les tiraba puñados de arena, como corría para que éstas no la alcanzasen, cuando de repente salio gritando despavorida, como si ya supiese quién es Yola Berrocal, o como si hubiese visto en-te-ri-to, de principio a fin (con anuncios incluidos), una edición de Noche de fiesta cualquier sábado de estos. Viene corriendo hacia mí, me coge de la mano, me levanta de la arena y me lleva hacia la orilla sin cansarse de repetir una y otra vez: “¡Papá en el mar hay árboles!, ¡papá en el mar hay árboles!”.

¿Papá en el mar hay árboles? -me pregunté. No me lo podía creer pero: ¿y si era verdad?, ¿me lo iba a perder?. Además como la gente cada vez es más guarra y tira cosas muy raras al mar... Si yo un día, navegando en el Carpe diem, había visto una mujer* desnuda, medio decapitada y sin una pierna, a la deriva, ¿por qué mi hija no iba a ver árboles en la orilla?.

Cuando llegué y vi lo que a mi hija había confundido con árboles me estiré y me puse de puntillas para lograr estar a su altura. La abracé, le di un beso y sonriendo le dije: ¡Sí, sí Ale, son árboles y mira allí hay otro, y otro, y otro allí!. Al menos en aquella ocasión, mi hija, orgullosa porque por primera vez había podido enseñar a su padre algo que él no sabía, no me preguntó por qué había árboles que venían a morir a la orilla de nuestra playa.

Reconozco que lo que el cuerpo me pidió en aquel momento fue decirlele: “No son árboles eso que veis, amiga Alejandra, son gigantes y aquello que vos decís que son ramas no son mas que sus largos brazos que quieren cogeros”. Pero me pareció complicado entonces, preferí callarlo, mejor contárselo por aquí como hago hoy para que un día pueda leerlo. Aquel día me di cuenta que mi hija empezaba a construir su propio universo. Que ella sería un gran planeta, que tendría estrellas y luna. Que los hombres la descubrían un día, y querrían subir para conocerla, para explorarla. Y que en su universo a mi me gustaría ser su sol, para darle calor cuando lo necesitase, para darle luz cuando me la pidiese. Sol de su universo, sí, y no apagarme nunca.

Papá

*nota: La mujer desnuda en cuestión era una muñeca hinchable que algún depravado había arrojado al mar. A fe de ser sinceros, lo que quedaba de ella.

Un charquito de estrellas. Alejandro Sanz

Un charquito de estrellas. Alejandro Sanz

Naufrague en un charquito de estrellas.
yo solo quería navegar, poner mis ganas por velas,
y, el mar llene llorando por ella.
un sueño anclado en la luna.
no pude ver orilla ninguna y, normal
que naufragase a su vera.
entra la espuma que acaricia y atropella;
como un verso del poema que escribí,
se van borrando sus huellas,
mi ilusión es la cometa que se eleva
y que se estrella contra mí, contra mí, contra mí.

¿Dónde están los mares de verdad, gélidos?
y aquella brisa que apagaba poco a poco el sol,
¿dónde quedo? las noches mágicas, ¿te acuerdas?
de charquitos y de estrellas.

Esta noche iba a brillar la luna,
pero la tormenta la asusto.
mañana, cuando salga el sol,
sé reirá de ella, pero de nosotros no.
esta noche hay miles de estrellas
y una mágica y radiante luna llena.

Y aquel charquito de estrellas
resulto ser un desierto:
solo un espejismo de arena y de sal,
de risas hoy verdaderas.
suelta velas y veras mi cometa
que se eleva y que se va, que se va, que se va.

¿Dónde están los sueños de verdad, cálidos?
y las tormentas de caricias,
donde el huracán, amándonos.
la noche es grande y es eterna
ya no hay charcos, solo estrellas.

Esta noche brillara la luna,
porque la tormenta es nuestro amor, amor, amor.
mañana, cuando salga, el sol llorara de envidia
por ella y por lo que paso.
esta noche hay miles de estrellas
y una mágica y radiante luna.

Mañana cuando salga el sol, el sol llorara de envidia
por ella y por lo que paso
esta noche hay miles de estrellas
y una mágica y radiante luna llena.

¿Dónde están los mares de verdad?
¿y las tormentas de caricias, donde el huracán?

La bañera de mi abuela y tú

La bañera de mi abuela y tú

Tengo el recuerdo infantil de ir a ver a mi abuela todos y cada uno de los sábados de mi infancia hasta que ella decidió que no habría más mañanas de sábado en mi vida.

Recuerdo aquellas mañanas enteras metido en su gran bañera de espuma que ella empezaba a preparar cuando picaba al timbre de su portal. Mi abuela tenía para mí todo su tiempo y una gran bañera de esas “de las de antes”. Aún hoy, en ocasiones, cuando preparo mi baño, consigo verla enfadarse porque hacía olas con el agua y soplaba la espuma fuera de la bañera. Ahora, después de verte a ti muchas veces en mi baño, sé por qué sólo me podía pasar largas hora metido en la bañera de mi abuela.

Aquella era una bañera que yo transformaba en mi barco y con el que navegaba todo mi universo de pequeñas cosas. Mi abuela renovaba pacientemente el agua caliente cada hora. A veces la espuma se juntaba y formaba una gran isla; en ocasiones se separaba en pequeños icebergs que venían a chocar directamente contra mis juguetes; y en otras, las más, para gran disgusto de mi abuela, cogía la espuma entre mis manos y soplaba y soplaba divertido al pensar que era capaz de hacer volar las nubes del cielo que compartía con ella. ¡¡¡Mira abuela!!, ¡¡mira que lejos ha ido aquella nube!!!, y cuanto más se enfadaba mi abuela, más disfrutaba yo y más feliz me sentía. Probablemente allí empezase todo hija, mi pasión por la mar, por navegar. Sí, mi abuela fue mi primer capitán y yo su fiel grumete. ¡Oh capitán, mi capitán!. Me instalé de polizón en su baño todos los sábados por la mañana.

Un día fui a su casa y ella no me abrió la puerta, nadie me abrazó ni nadie me dio un beso. Nadie me cogió de la mano y me dijo ¡vamos a la plaza a comprar!. El abuelo me dijo que se había ido, que no estaba, que no iba a volver. Lo que no sabía mi abuelo era que ella hacía tiempo que ya estaba en mí y que yo tendría un día un barco, y que mi vela mayor llevaría su nombre.

Nunca volví a bañarme en aquella bañera, ni tan siquiera el acto de bañarme volvió a ser igual para mí. Tardé meses en volver a entrar al baño de mi abuela y el día que lo hice todo seguía igual. Allí estaba ella, viejecita, con su artrosis en los huesos de los dedos, arrodillada. Estaban todos mis juguetes, la espuma, la toalla, la ropa que me iba a poner aquel día, los polvos talco que ella me echaba. Todo seguía igual menos una cosa, no era a mí a quién bañaba, bañaba a una niña.

Hoy, casi veinticinco años después de aquella imagen que nunca entendí pero que quedó grabada entre algodones blancos en mi curiosidad infantil la he comprendido: Ale, te estaba bañando a ti.