Blogia

Una Campanilla llamada Ale

La partida

La partida

"Separarse es como tomar un barco. Salimos de tierra firme (una tierra en la que realmente no queremos estar) para navegar hacia una isla que vemos allá, a lo lejos.

Rápidamente nos encontramos navegando en medio de la nada. La tierra que dejamos ya es algo remoto, no podemos volver, y por momentos se desatan grandes tormentas. Ni siquiera podemos ver adónde nos dirigimos. Es más, llegamos a cuestionarnos si esa isla existe o simplemente la estamos soñando, porque realmente no vemos nada, todo está muy oscuro, aparecen situaciones que nunca hubiéramos imaginado. ¿Qué hacer durante esas horas de tormenta?.

La única salida es mirar hacia el mar en el que estamos navegando y ver cómo nos las arreglamos con las olas y los vientos; no detenernos a mirar la tierra que dejamos, ni esforzarnos en ver la isla. Decidimos abordar este barco. De nada vale arrepentirnos ni enojarnos con nosotros mismos por habernos metido en esto. Y menos culpar al otro, que supuestamente también nos metió y nos obligó a estar a la deriva.

Estar donde estamos, permanecer atentos a lo que ocurre para no hundirnos, coger con fuerza el timón son tareas primordiales. Y ante todo, seguir navegando con la confianza de que llegaremos a buen puerto.

La separación no es solamente la experiencia de la ausencia, sino mucho más: la experiencia de la presencia de lo ausente."

Silvia Salinas


De repente, un día, lo entiendes todo: por qué vives frente al mar, por qué tienes un velero de nombre Carpe diem y por qué te gusta navegar. Y aunque Silvia lo escribió para explicar la separación entre las personas, a mí me parece (perdóname Silvia) que también sirve para explicar la separación de las cosas, de este Blog, pues tanto en el caso de las primeras como en el de las segundas, de lo que realmente nos separamos siempre son de los recuerdos, eso en lo que todos, más tarde o más temprano nos convertiremos.

Carpe diem!

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Cinco horas con el Blog

Cinco horas con el Blog

Hoy a las 6:30 de la mañana, antes de que amaneciese, el blog se me fue para siempre. A diferencia de los delfines, de las ballenas que vienen a morir a la orilla, mi cuadernito ha hecho el camino inverso: bajó a la playa, caminó hacia la orilla, cerró las pocas páginas que le quedaban y se dejó llevar por la primera ola, a morirse al mar.

Ayer pasé las últimas cinco horas con él como las que pasó Carmen con Mario. Su corazón latía y el movimiento era como el de una ola: iba y venía, iba y venía, hasta que definitivamente se subió en la espuma de una y fue a fundirse con el mar para siempre.

Me dejó escrita una carta: "para ser abierta mañana 19 de marzo, día del padre" dice en el sobre. Su agonía no fue dolorosa, lo fue más para mí al comprobar cómo, día tras día, iba perdiendo hojas. Descanse en paz.

Mi pequeña Yoko

Mi pequeña Yoko

Ayer hablé contigo por teléfono. Me dijiste que mamá te había comprado unas galletas en las que salían los personajes del Rey León. ¿Cuál quieres tú, papá, que te las regalo? -me preguntaste.
Te dije que quería la galleta en la que salía Simba y Nala y cuando mamá se puso al teléfono la oi reñirte porque habías sacado todas las galletas del paquete buscando las mías, las nuestras.

Nuestro Blog sigue mal. Ahora parece que todo se agolpa y se sucede rápido y ya no hay tiempo para nada. Me arrepiento de las cosas que no hice y de las cosas que no te dije, de las cosas que no te escribí. Perdóname.

"¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!"

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Terminó nuestro
espantoso viaje,
El navío ha salvado todos los escollos, hemos ganado
el premio codiciado,
Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el
pueblo acude gozoso,
Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y audaz;
Más; ¡oh, corazón, corazón, corazón!
¡Oh, las rojas gotas sangrantes!
Ved, mi Capitán en la cubierta
Yace frío y muerto.
¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las
campanas;
Levántate, para ti flamea la bandera, para ti suena el
clarín,
Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas, para
ti la multitud se agolpa en la playa,
A ti te llama la masa móvil del pueblo, a ti vuelve sus
rostros anhelantes;
¡Ea, Capitán!¡Padre Querido!
¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
Esto es un sueño: en la cubierta
Yace frío y muerto.

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos e
inmóviles,
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni
voluntad,
El navío ha anclado sano y salvo; su viaje, acabado y
concluido,
Del horrible viaje el navío victorioso llega con su
trofeo;
¡Exultad, oh, playas, y sonad, oh, campanas!
Mas yo con pasos fúnebres,
Recorro la cubierta donde mi Capitán
Yace frío y muerto.

Walt Whitman

El Blog está ingresado en la UVI

El Blog está ingresado en la UVI

Ale vengo del Hospital. Ayer cuando llegué a casa me encontré a nuestra libretita caida sobre la alfombra, algunas hojas estaban tiradas, otras arrancadas y otras estaban hechas añicos. Estaba muy malina, junto a una botella vacía, llena de piedritas y caracoles me encontré unos versos, y junto a ellos esta nota: PARA SER COLGADO MAÑANA EN EL BLOG DE UNA CAMPANILLA LLAMADA ALE.
Hija, aunque son "palabras para Julia" parecen estar escritas para ti, además ella ya no nos lee, tiene mucho trabajo.

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

José Agustín Goytisolo


Hija, creo que nuestra libretita está muy mal y este poema no me gusta porque me gusta mucho, me suena a su despedida. Esta noche encenderé una velita y mañana iré a verle.

El cumpleaños de Gabi

El cumpleaños de Gabi

El sábado por la tarde fuimos al cumpleaños de Gabi, nos llevamos a tus dos amigos (los que ves en la foto) y la gente nos miraba por la calle, no era para menos, tú llevas de la mano a Epi y yo a Blas, los cuatro ocupábamos casi la acera por completo mientras caminábamos.
Fue curioso, en el cumpleaños, si me veías hablar con alguna Wendy (grande o pequeña) enseguida venías a mi lado a aclararles: es mi padre y ¿sabes Ale?, sé por qué lo haces.

Esa noche, cuando llegué a mi casa y salí a pasear, me recordaste lo que dijo el hijo de Michael Sullivan en Camino a la perdición: Comprendí que el único temor de mi padre era que su hijo siguiera su mismo camino. Cuando la gente me pregunta si Michael Sullivan era un hombre bueno o si en él no había ni una pizca de bondad yo siempre doy la misma respuesta, sólo les digo: Era mi padre..
Hija, ten seguro que un día te preguntarán por mí, incluso te hablarán mal y sé que tú estarás dispuesta a salir en mi defensa como yo lo hice un día protegiéndote de piratas con garfio, de fantasmas y de miedos pero no te entretengas en dar muchas explicaciones, no merece la pena. Quién fui, lo que hubo entre tú y yo, lo que hablamos, lo que te enseñé y lo que "me aprendiste" sólo nos importa a ti y a mí..... y al mar. A nadie más le importa, a nadie le debes explicaciones, así que sólo diles que "fui tu padre" y sal a navegar.

Esta mañana llevaré a nuestro cuadernillo al médico, al Doctor Blogia. No sé qué le pasa, de unos días a esta parte veo que le caen las páginas como a los árboles le caen las hojas, devuelve mucho, me pide que le deje ver el mar y no quiere más alimento que la música de Garci.
Ayer lo llevé al barco, salí a navegar, estuvimos fuera seis horas y no sé si vino un poco mejor o quizás más tranquilo, más aliviado, él no me dijo nada y yo no me atreví a preguntar.
No sé Ale, no sé qué puede tener nuestra libretita pero creo que se nos escapa, que se hace arena, que..... Te quiero.

Papá

Hoy venía...

Hoy venía...

Hoy venía contento a trabajar, como casi siempre. Tenía en la cabeza lo que iba a escribirte y tenía guardada en el disco duro del ordenador la foto que ahora ves. Venía dispuesto a contar como este fin de semana viniste con un par de hojas en la mano que habías recogido del suelo de lo que debió ser un bonito cuento de Heidi de alguna niña como tú.
Nunca te dejo coger nada del suelo (salvo cuando yo me caigo) ¡cómo te voy a dejar! pero aquellas hojas estaban limpias y tú las traías entre tus manos, ¡te vi con los ojos tan grandes y brillantes! y me hablaste de Heidi: ¡mira papá es Heidi!, ¡y Clara!, ¡y Pedro!, que yo me hice muy pequeño y sólo te pregunté: ¿caería de una nube Ale?, ¿llovería cuentos?, ¡como hacía poco que había llovido!. Tú me dijiste sí, así que ¿por qué no va llover, un día, café en el campo?.

Hoy venía contento a trabajar hija. Por la mañana nunca pongo las noticias en la televisión ni en la radio, hace tiempo que tengo esa sana costumbre. Pero ayer venía escuchando el partido del Madrid en la radio, en la cadena SER y ahí se quedó el dial “me se olvidó” –como tú dices, cambiarlo a Kiss FM. Así que esta mañana cuando arranqué el coche para venir contento a trabajar oí lo que todo el mundo sabe ya a estas horas. Aquí te queda hija, para la historia de tu vida.

Ahora sólo tengo ganas de volverme a casa y salir a navegar. Como hoy no podré hacerlo encenderé la velita que tengo en forma de barco de papel mientras escucho una y otra vez la canción que hoy también te dejo, no me apetece otra, mientras me pregunto qué sentido tiene todo, incluso que te escriba.

Te quiero.

Acabo de aterrizar...

Acabo de aterrizar...

Y me encuentro que hay más visitas los días que no escribo que los días que lo hago, ¿querrá eso decir algo?. ¿Será que las personas prefieren el silencio?, ¿será que el silencio dice más que las palabras?.

Hola, ¿hay alguien ahí?.

Un mundo al revés

Un mundo al revés

Había una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Había una vez
un príncipe malo
una bruja hermosa
un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez
cuando papá soñaba
un mundo al reves.


De todas las poesías y canciones infantiles que me cuenta y me canta mi hija, ésta es mi favorita.
A veces fui padre de mis padres y ahora, a veces, soy hijo de mi hija, y es que eso del orden es muy relativo y sobre todo muy poco creativo. A veces las manos necesitan collares de perlas y no sortijas de diamantes. Cántamela otra vez Ale.

La cama de los Hermanos Marx

La cama de los Hermanos Marx

Ya les he contado en alguna ocasión que para dormir me echo al lado de mi niña e "invocamos" al ángel de la guarda y a Jesusito de mi vida para que también se vengan a dormir con nosotros. Pero es que el viernes por la noche a Ale le dio por "entrar en conversación" con los susodichos y empezó a contarles su "vida de "actriz".
En la confianza de que no daría para mucho (luz apagada, hora de dormir,...), reconozco que, al principio, yo mismo, divertido, hacía las preguntas y ya se imaginan quién hacía de ventrículo, ¿no?.

¡Joder!, ¡nunca pensé que la vida de una niña de tres años diese para tanto! (ahora entiendo a algunas), sólo le faltaba la copa y el cigarro y preguntarnos: ¿qué os parece si vamos a tomar algo a otro sitio?. Después de más de diez minutos: que si las chuches que más le gustan son..., que si en su colegio hay un niño que..., que si tenía cuatro novios..., que si la nieve... Y lo peor es que la tía, sin ningún respeto, se lanzaba a hacer preguntas al mismísimo angel de la guarda: ¿Y tu a qué cole vas? -le preguntó. ¿Y tú donde vives?, poque yo vivo en Oviedo -le preguntó de tú a tú a Jesusito de mi vida. ¡Papá, enciende la luz! -me llegó a decir en más de una ocasión.

Al final "Paquito y sus muñecos" se dormían mientras que aquel conejito Duracell seguía y seguía y seguía.

Nos dormimos todos pero antes, con tanta gente en aquella cama, tuve la sensación de estar en el camarote de los Hermanos Marx. La verdad, no me hubiese importado.

A vueltas con los novios

A vueltas con los novios

No entiendo por qué Ale me pregunta muchas veces, a lo largo del día: ¿Qué te parece si nos casamos?.
¿Qué te parece si...? -me quedo pensando. Pero si además ya estamos casados -le digo. Te dije sí quiero la primera vez que me lo preguntaste de esa forma: ¿qué te parece si...? -sigo dándole vueltas.

Pero lo mejor fue este fin de semana cuando me dice: ¡papá tengo cuatro novios! (¡a ver los del Guiness!: tres años, cuatro novios, ¿quién da más?): Lucas, Javi, Tonín y un servidor (espero que no por este orden).
-Cuatro novios, pero es un sequeto, ¿eh? -me dice. ¡¡¡¡Pero es que además la Liz Taylor de tres años me lo dice bajando la voz con el dedo índice pegado a sus labios!!!!!.
Sí hija sí, te guardo el sequeto, ¡cómo no te voy a guardar un sequeto de ese tipo!, sólo que como a los otros tres les vayas contando lo mismo...

El cuento de los fideos

El cuento de los fideos

No sé si recordarán el día que les conté que Ale había hecho un nuevo amigo: el dragón Elliot. Lo cierto es que el otro día dándole de cenar sopa algo le debió de sentar mal porque dijo que no quería más y la pobrecita se puso a devolver. Ale era una ametralladora y los fideos salían como balas: ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta-tá.
A Ale devolver le pone muy nerviosa, no sé, imagino que será porque se ve incapaz de controlar algo que no quiere hacer, así que se puso a llorar. Yo estaba sólo con ella porque mis padres habían salido a cenar fuera, así que primero me reí un poco (lo siento, no lo puedo evitar), miré para ella, abrí los ojos más que ella y di rienda suelta a mi imaginación:

-.¡Ale, ale, qué divertido yo también quiero hacerlo!.
-.¿El qué? –me dice llorando.
-.Echar fideos como un dragón, Ale, eres un dragón, como Eliott, sólo que en vez de echar fuego echas fideos, ¿sabes por qué lo haces?.
-.¿Por qué? –me pregunta muy atenta (ya había dejado de llorar).
-.Porque los fideos tienen miedo, en tu barriguita está todo muy oscuro y no hay luz.

Y entonces le conté una pequeño cuento: ella era una ballena como la que se había comido a Gepetto y a Pinocho, sólo que ella se había comido una familia de fideos: había un papá fideo, una mamá fideo, una fideo Alejandra, un fideo Dani, un fideo Violeta....

A la mañana siguiente cuando despertó Alejandra se lo contó todo a su madre y a la mía. Cuando salimos, al pasar por la Casa del Libro me dijo:

-.¡Papá, tenes que comprarme el cuento de los fideos!.

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EL RETABLO INTERMITENTE DE MURCIA

EL RETABLO INTERMITENTE DE MURCIA

Al fin, colega, me digo. Llevas años blasfemando en arameo por culpa de los párrocos, obispos o sujetos a quien corresponda, que mantienen cerradas iglesias y catedrales impidiéndote visitarlas. Los malajes. Y no es que uno se incline al agua bendita. De eso me curé leyendo, jovencito, y terminaron por rematarlo veintiún años de mochila, cuando me ganaba el jornal enseñando muertos en el telediario, y me hubiera encantado lo juro por mi perro- que de veras hubiera un responsable de todo aquello en alguna parte, para dirigirme a él y ciscarme en sus muertos. El caso es que así, leyendo, viajando, mirando alrededor, aprendí lo que comentaba aquí hace unas semanas: que las iglesias y las catedrales forman parte de mis diez mil años de memoria, y que sin ellas, sin lo bueno y lo malo que representan y recuerdan, monumento a la fe, a la historia, al espíritu noble del hombre y también a su capacidad de manipulación y engaño, es imposible entender el mundo actual, el Mediterráneo, Europa y lo que todavía llamamos Occidente. Por eso hace mucho que defiendo en esta página la asignatura de Religión. No como la plantean mis primos -no me hagan señalar-, currándose un modo de seguir mojando pan en todas las salsas sin perder el paso de baile con los nuevos ritmos. No. Hablo de la religión católica como cultura objetiva. Como explicación imprescindible de lo que fuimos y lo que somos.

Al grano. Les decía que fastidia mucho llegar a un sitio, dispuesto a visitar la iglesia románica, la catedral o lo que sea, y a diferencia de lo que suele ocurrir en Francia o Italia, encontrártelas cerradas; y a menos que le comas el tarro al secretario del ayuntamiento o a un sacristán que salga a por tabaco, vas listo. Recuerdo, hace poco, dos días de navegación hablando del gótico amurallado, el amarre del barco en Palma de Mallorca, la cuesta ciudad arriba con un calor del carajo -era verano-, y la puerta de la catedral cerrada a las doce de la mañana. También es verdad que la chusma de patas peludas y bodis fosforito comprimiendo lorzas de tocino que circulaba por allí no merecía otra cosa, la verdad, sino que el gótico se lo amurallasen y hasta pusieran campos de minas en el atrio. Pumba, pumba. A tomar por saco. Pero bueno. Unos cuantos justos, supongo, aparte de mí, se quedaron sin catedral. Y fastidia.

Pero aquí me encuentro hoy, vive Dios. En Murcia. Y veo ese pedazo de catedral maravillosa con las puertas abiertas de par en par. Me froto los ojos, incrédulo. Ocho de la tarde. Esto parece Europa de verdad, me digo. Así que entro, mojo los dedos en agua bendita -la vieja costumbre- y contemplo esa belleza estupendamente restaurada. Paseo con las manos a la espalda, disfrutando como un gorrino en un maizal. Y así llego ante la reja del altar mayor, cuyo retablo está a oscuras. Ya la jodimos, pienso. Toca aflojar la mosca, o sea, el óbolo. Pero qué diablos. Uno lo afloja con mucho gusto en este sitio. En la maquinita pone: 1 euro. Saco la moneda correspondiente del bolsillo, y la meto. Clic. El retablo se enciende. Retrocedo cinco pasos para admirar mejor el panorama, y al tercer paso el retablo se apaga. Contrariado, vuelvo al aparato, busco en el bolsillo. Por suerte llevo más monedas. Meto el mortadelo en la ranura. Se enciende el retablo, retrocedo de nuevo, se vuelve a apagar. Sapristi, mascullo, finolis -en una catedral no es cosa de ponerse a jurar a los doctrinales-. Dos euros por treinta segundos de luz es una pasta. Lo mismo no funciona bien el tragaperras, concluyo. Veo un interruptor, lo toco a ver qué pasa, y apago una batería de lamparillas eléctricas que hay cerca, también a un euro la lucecita. Miro en torno, avergonzado, pero no me ha visto nadie. Uf. Así que hago un último intento, e introduzco una tercera moneda. Ahora no se enciende nada. Ni lamparillas, ni retablo. Aguardo, paciente. Por fin se enciende todo muy despacio, aleluya, y echo una carrera hasta los bancos -corriendo de espaldas, a riesgo de romperme la crisma con un reclinatorio- a ver si llego a tiempo de ver algo. Pero ni hablar. Al tercer paso, el retablo se apaga. Entonces, la verdad, pierdo los papeles. Cagüentodo. Me voy a la máquina y empiezo a sacudirle golpes, como en las cabinas telefónicas, a enchufar y desenchufar cables ciscándome en el retablo y en el copón de Bullas. Y de pronto apago media catedral. Entonces, acojonado, aprovechando la oscuridad, salgo por pies. O sea, huyo. Como un ladrón en la noche.

El Semanal 7 de marzo

La bruja Churrina (y 2ª parte)

Churrina fue creciendo y pronto comenzó a escribir y a leer. Al principio leía cuentos con muchos dibujos, era los que prefería. Luego empezó a leer libros de animales, eran los animales que ella veía todos los días dando la misma vuelta en aquel caballito.

Una noche, Churrina despertó antes de que amaneciese, soltó a los animales y los subió al tren de la bruja, al tren que conducía su papá. Voy a dejaros en libertad, hay una montaña muy cerca de aquí –les dijo y se puso a conducir el tren.

Cuando llegaron los animales se bajaron del tren y le dieron las gracias a Churrina:
Grrrrrrrrrrrrrrrrracias -le dijo el león.
Muuuuuuuuuuuuuuchas gracias -le dijo la vaca.
Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii gracias –le dijo el caballo.
Kikiriki, kikiero darte las gracias –también le dijo el gallo.

Churrina se despidió de sus amigos, compañeros de vueltas en todas las ferias, en las fiestas, en los circos y regresó rápido a su casa, antes de que se hiciese de día, y siguió durmiendo muy feliz, los animales ya no darían más vueltas –fue su último pensamiento antes de soñar que volaba al País de Nunca Jamás .

A la mañana siguiente, Ocapitán, que así se llamaba el propietario del carrusel Safari, cuando descubrió que no estaban los animales, no se puso triste, se puso muy contento y empezó a dar saltos de alegría: ¡Por fin podré dejar este trabajo que no me gusta nada! –dijo en voz alta para que le oyesen todos sus vecinos. ¡Por fin voy a poder hacer lo que me gusta: leer, escribir cuentos para niños y navegar! y regresó a su pueblito marinero. Churrina se alegró por él y por los animales.

Churrina siguió creciendo y a la vez que lo hacía siguió escribiendo y leyendo. Un día se topó con un libro que se titulaba: “Cómo dejar de ser una bruja” que comenzaba de una forma que no entendía muy bien: “Si eres niña entonces cuando seas mayor serás un poco bruja, todas lo somos, pero eso se puede solucionar si sigues leyendo este libro”. Churrina devoró aquel libro como ningún otro, lo leía noche y día mientras el tren daba vueltas fuera y seguía oyendo a los niños gritar cada vez que su mamá los asustaba de mentirijilla. Cuando acabó aquel libro Churrina ya sabía lo que quería ser de mayor: funcionaria de justicia.

Churrina creció mucho más, se casó, tuvo un hijo, sacó unas oposiciones y hoy trabaja como funcionaria en un Juzgado de lo Civil. Churrina ya es mayor y todos la llaman Chur.



FIN

And the Oscar goes to...

And the Oscar goes to...

Telecable, España.

Las bases (depositadas ante notario) excluían, como es obvio, al Capitán Keating y a su famlia; y a Gemma por razones que también resultan obvias para todos menos para ella. Así que si "corremos lista" a BT Telecomunicaciones, España, el sr/a agraciado/a es Telecable, España. Por favor, si está interesado remita un e-mail a: capitankeating@mixmail.com.
El fallo del jurado es inapelable (estaba en la letra pequeña del post), aún así, quien lo desee podrá recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo pero ya le digo que como la pelota es mía, el penalty lo tiro yo.

El camarero Tonín (y 2ª parte)

Las dos primeras cosas que hice con mi hija el primer fin de semana que según el convenio regulador bla, bla, bla... fue llevarla al elogio del horizonte desde el que se ve el mar y todo Gijón, y después al Dindurra. Cuando a uno le van quedando pocas cosas en las que creer la memoria se convierte en el único asidero posible al que aferrarse y mi mar y mi Dindurra forman parte de ella, como antes lo fue de aquella que me lo traspasó un día, generosa, como yo ahora hago con mi hija para que no se rompa la cadena, tal y como le prometí.

El caso es que allí estaba Tonín, el camarero Tonín. Tonín se convirtió en el primer novio de mi hija, mucho antes que yo y que ese tal Lucas, y aunque ella el día de mañana no se acuerde -o no se quiera acordar- a tenor de la foto. A mi hija el Café le debió de parecer mágico y Tonín el mago de los magos, uno pedía una cacacola (que así es como lo decía Ale) y aceitunas y Tonín venía con ellas y con pinchos de tortilla, croquetas y gambas a la gabardina que mi niña y yo comíamos riéndonos el uno del otro viendo a Tonín pasar con su bandeja en dirección a otras mesas. Lo gracioso es que Ale empezó a llamar “camarero Tonín” a todos los camareros, ya no sólo del Dindurra, sino de otras cafeterías, todos eran “camarero Tonín”. Un día les hice una foto a la pareja, Ale la tiene encima de su mesita de noche y le regalamos otra a Tonín en su portarretratos.

Si un día vienen a Gijón vayan al Dindurra y pidan un café, o una cacacola, allí podrán ver al camarero Tonín, y al fondo entre las ventanas y el pasillo por donde pasan los camareros, sentada en una silla de madera y apoyada sobre una mesa de hierro fundido y mármol podrán ver a una hermosa mujer escribiendo: “Hubo una vez un Capitán...”.

Quijote. Julio Iglesias

Quijote. Julio Iglesias

Soy de aquellos que sueñan con la libertad,
capitán de un velero que no tiene mar.
Soy de aquellos que viven buscando un lugar.
Soy Quijote de un tiempo que no tiene edad.

Y me gustan las gentes que son de verdad.
Ser bohemio, poeta y ser golfo me va.
Soy cantor de silencios que no vive en paz,
que presume de ser español por donde va.

Y mi Dulcinea, ¿dónde estarás?,
que tu amor no es fácil de encontrar.
Y se ve tu cara en cada mujer,
tantas veces yo soñé que soñaba tu querer.

Soy feliz con un vino y un trozo de pan,
y, también, como no, con caviar y champán.
Soy aquel vagabundo que no vive en paz,
me conformo con nada, con todo y con más.

Tengo miedo del tiempo que fácil se va,
de las gentes que hablan, que opinan de más,
y es que vengo de un mundo que está más allá,
soy Quijote de un tiempo que no tiene edad.

Y mi Dulcinea, ¿dónde estarás?,
que tu amor no es fácil de encontrar.
Y se ve tu cara en cada mujer,
tantas veces yo soñé que soñaba tu querer.

El camarero Tonín (1ª parte)

El camarero Tonín (1ª parte)

Hay un Café en Gijón que te devuelve al pasado, un Café de más de cien años. Un Café donde imaginar que hubo tiempos mejores, que otro mundo fue posible, e incluso que tu vida pudo haber sido otra. Un Café que sigue conservando el sabor y el olor a café, que se sigue llamando así: CAFÉ.
Todas sus sillas son de madera, redondas y las mesas de hierro fundido y mármol, cuadradas, pero hay una mesa que es mi mesa, en la que tomaba café con mi abuela, en la que se quedaron mis dudas sobre si conseguiría ó no acabar mi carrera de Empresariales y sobre la que desplegué mis cartas náuticas cuando estaba estudiando el título de patrón. El Dindurra, que así se llama el Café, está en el centro de Gijón, en un bajo enorme, comercialmente muy apetecible y sé que algún día vendrá una puta empresa a intentar quitarme también este trozo de memoria, como antes lo hizo el Corte Inglés con la plaza del Sur, o Il Café di Roma con el Cafetón, pero entonces encontrarán allí, aferrado a su mesa y a su silla, armado con un lápiz y un papel al último soldado, dispuesto a morir primero antes que ver morir a su Café. Si algún día vienen a Gijón no dejen de ir al Dindurra. Pero ésta no es la historia que les quería contar.

Visitante nº 1.000

Visitante nº 1.000

Como podrán comprobar si pinchan en el botoncito azul de abajo a la derecha, uno que tiene una especie de gráfica de color rojo en su interior, ¡sí hombre ese!, no me sea torpe, decía que hoy, o más tardar mañana, por este blog pasará el/la visitante número 1.OOO en un mes, así que me dije: ¡Coño Paco, si las compañías aereas a su cliente 1.000, o 1.000.000 les regala algo, si EL MARCA saca en portada a quien consigue el gol 1.000 del Real Madrid, o el gol 10.000 de la Liga,... tú tienes que pensar algo, amigo!. Así que dicho y hecho. Ya está. Hay tres condiciones/observaciones que les quiero comentar:

1º-.La familia del Capitán (hasta segundo grado de consangueinidad) no puede participar en dicha promoción.
2º-.Gemma no vale dar al reload permanentemente, ni entrar y salir, que me voy a enterar :D.
3º-.Tampoco vale no pasar por el blog estos días por si a uno/a le toca, ¡que te conozco bacalo aunque vayas disfrazao! :PPP.

¡Ala, venga, a jugarrrrrrrrr!

La bruja Churrina (1ªparte)

La bruja Churrina (1ªparte)

Churrina nació en los caballitos, su mamá era bruja en el tren de la bruja y su papá conducía el tren. La llamaban Churrina porque era alta y muy delgada, como un fideo, como un churro, aunque Churrina se llamaba Alejandra.

La mamá de Churrina asustaba a los niños que subían al tren porque los niños pensaban que era una bruja de verdad pero a Churrina no le asustaba nada la bruja porque ella sabía que era su mamá disfrazada, la misma que después de trabajar se quitaba el disfraz y le decía:

-Churrina comete el pescado.
-No, no me gusta.
-Churrina bebe leche.
-No, no tengo ganas
-Churrina lávate los dientes.
-No, no quiero.
-Churrina a la cama a dormir que es tarde.
-No, voy más tarde.

A diferencia de los niños que subían a la atracción, Churrina había días que no se lo pasaba bien, sobre todo los días que hacía frío. A ella el tren de la bruja le parecía aburrido, siempre dando la misma vuelta.

Un día que los caballitos no abrieron, Churrina cogió el tren con su mamá y fueron a la ciudad a ver a la tía Mati que trabaja disfrazada de india recogiendo fichas en otro caballito. La pequeña brujita se sorprendió que en aquel tren no hubiese ni moustros, ni payasos que diesen miedo, tampoco había brujas con escobas, ni niños gritando. Aquel tren no daba siempre la misma vuelta.

-Se lo tengo que dici a papá –le dijo a su madre. Churrina tenía tres años y aún no hablaba muy bien pero la estaban aprendiendo –como ella decía.

Cuando la mama bruja y la niña brujita llegaron a casa, Churrina corrió a decirle a su padre cómo era el tren en el que había viajado aquella tarde con mamá. ¡Cuidado hija, tengo las manos manchadas de aceite!. No importa papá, ¿no ves que tayo un vestido negro?.

Churrina siempre iba vestida de negro porque la vestía su mamá, ¡tienes que parecer una buena bruja! –le decía María, que ese era el nombre de la mamá de Churrina. Pero a ella le gustaban mucho más los vestidos de colores, le gustaba los vestidos que traían las niñas que se subían al tren de la bruja y a veces le decía a su mamá: ¡¡Mamá pégale con la escoba a esa niña del vestido de flores!!. Y otras veces le decía: ¡¡Mamá, ponete la careta de moustro y dile uuuuuuuuuuuuuh a esa niña del vestido de lápices!!!!.
¡No Ale, solo estoy jugando con los niños, nos lo puedo asustar!.

Entonces Churrina se enfadaba y se quedaba muy triste en un rincón del tren de la bruja, mirando al carrusel de al lado, un tío vivo que tenía por nombre Safari. Churrina miraba a los animales y los animales le miraban a ella, siempre dando vueltas. Siempre dan la misma vuelta, como mi tren. ¿Por qué no se escapan? –pensó Churrina.

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Valentín

Valentín

Tenés que verla. Tenés que conocerlo, Valentín se llama el pibe, hija. Tiene ocho años, vive con su abuela y sueña con ser astronauta. ¿Vos te imaginas un astronauta argentino? ¡qué macanudo!. Tú que te hacés novia de casi todos yo te voy a hacer novia de uno, de Valentín.

Valentín dice cosas de viejo, de viejo que se siente niño, como tú, como yo, ¿sabés como te digo?:
“Hay gente que tiene todo y no lo disfruta”. “Hay gente que parece como si no viviera, o no le da uso a la vida.”

¿Sabés Ale?, hace tiempo yo laboraba como traductor para una editorial argentina y ¿sabés lo que te digo? que no lo hacía por la plata aunque soltaban bien, lo hacía por platicar con Gabriela al otro lado, como hago con vos cada noche, e imaginarla linda por cómo me decía en sus llamados, por como me agarró su acento. Papito enseguida se monta un kilombo, papá es un pelotudo ya sabés que se enamora del viento, me hice novio sin que ella supiese y cuando acabé de laborar para ellos Gabi se olvidó de llamarme al celular la muy boluda.

Tenés que prendate de un pibe como el Valentín, Ale, ¿sabés por qué? porque el soñó con subir a la luna y cuando Amstrong le pisó su sueño él ya era un poco más feliz en este planeta y decidió entonces hacerse escritor, al menos para una historia, aunque fuese chiquita, ya tenía: su vida.

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