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Una Campanilla llamada Ale

Ajuste de cuentas

Ajuste de cuentas Ahí lo tienes, te lo prometí. Salí del hospital y no me gustaba la idea de seguir teniendo contigo cuentas pendientes, no fuese a ser que la próxima vez...

Viajes con mi padre. Luisa Castro
Una mujer que ya ha cumplido los treinta y ha vivido en la gran ciudad regresa a su pueblo natal, donde recupera el recuerdo del primer viaje que realizó junto a su padre, un marinero con un don especial para contar historias. Aquel primer viaje se transforma en un recorrido, por los personajes que poblaron la infancia y la adolescencia de la protagonista.

El cuadro es un Sorolla Niñas en el mar (gracias Gemma). Ella, la protagonista, es una mujer recién separada y su padre, el marinero contador de historias, se llamaba Paco: ¿te recuerda a algo o a alguien?. En la historia, su historia, aunque ambientada en Galicia, aparecían nombres conocidos: Gijón, Oviedo. Descubrí el libro casualmente, como suele llegar todo lo importante en la vida, en el Dindurra, en una entrevista que le hacían a Luisa Castro en el dominical de El Pais (aún la conservo), ¿de verdad crees que seguía necesitando algún pretexto más para comprar el libro?.

Lo compré y lo leí en un par de tardes, luego tuve la oportunidad de hablar con Luisa Castro en un acto en Oviedo pero no me atreví, incluso llegué a escribirle una carta que nunca le envié a pesar de que mi amiga Mage, a través de su editorial me había conseguido su dirección. Debe ser que me hago mayor ¿sabes?, quizás para alcanzarte. En otro tiempo no habría ni molinos ni gigantes suficientes para batirme por amor pero ya no me quedan pétalos ni siquiera para la duda.

El libro no me gustó, incluso me defraudó, pero aquí te dejo el párrafo que lo salva, motivo de la afrenta que tú me reclamas, la deuda -al menos por mi parte- ya no existe:

"...sólo lo que no sucede no deja de suceder. Sólo lo que no comienza no llega jamás a término. Todas las cosas importantes acaban recalando tarde o temprano. No había que ir tras ellas, ni evitar que se fueran, ése era el secreto de que pudieran volver...,”.

En cambio tú, me regalas ese libro de hojas perennes que sabes que me gusta para matarme un poquito más. Me regalas un blog en blanco y negro porque tú -me dices, no puedes regalarte. Un librito inyectable, que sabías que un día abriría -aunque te dijese que no, ¿y con qué me encuentro?: con ese grandisimo hijo de puta pintor de poesías, escritor de cuadros imposibles, marinero de grandes otoños diciéndome que "no olvida el que finge olvido sino el que puede olvidar", y que "el olvido tiene memoria". ¿El olvido tiene memoria?, ¿por qué nadie me enseñó eso?, ¿por qué nadie me dijo antes que no voy a poder olvidar, aunque finja?. ¿Y ahora qué?, dímelo tú, ¿cómo me tomo el resto de mi vida?.

Te envío en un sobre mi sonrisa rota, va sin remite pero en cuanto la abrás sabrás de quién es.
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