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Una Campanilla llamada Ale

Alejandrita Roja

Alejandrita Roja Que Ale será una gran actriz es algo que decidirá ella y el tiempo, ahora lo que yo puedo contar es que maneras ya apunta. Sin ir más lejos, el otro día en su casa escenificamos el cuento de Caperucita Roja. Primero yo el lobo y ella Caperucita y luego intercambiamos los papeles.

Escena 1ª

El lobo (o sea yo) tumbando en la cama y tapado con el abrigo, haciéndose pasar por la abuelita. Caperucita roja (Alejandra Hayworth) que llama a la puerta y comienza el acto:
¡Pum, pum!
-¿Quién es?.
-Soy Caperucita Roja que vengo a ver a mi abuelita.
-Pasa hija, pasa, que estoy aquí malita en la cama.
-Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes esos ojos tan grandes?.
-Son para verte mejorrrrrrrrrr
-Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes esa nariz tan grande?.
-Es para olerte mejorrrrrrrrrr
En ese instante rompo la magia del momento lo sé, lo reconozco -soy malísimo- y le lanzo a bocajarro una pregunta que no se espera, pensada con premeditación, alevosía y nocturnidad pues eran ya cerca de las ocho de la tarde:
-¡Oye, un momento!, ¿cómo sé que tú eres Caperucita Roja si no llevas nada rojo?. ¡Chúpate esa morena! y a ver cómo sales ahora, pensé satisfecho.
Entonces ella me responde: “¡Soy Caperucita en chándal!”.
¿Qué quieren que les diga?, ¡¡¡impresionante!!!, no pude pensar otra cosa. Así que seguimos con el tercer grado hasta que ella finalmente me hizo la pregunta que todos ustedes y yo sabemos, no si antes esbozar una media sonrisa como quien sabe la respuesta y conoce perfectamente lo que va ocurrir, que no fue otra cosa que salir corriendo detrás de ella por todo la casa al grito de: ¡¡¡¡para comerte mejorrrrrrrrrr!!!!.

Escena 2ª

Se intercambian los papeles, así que me dirijo hacia su cama y comienzo el interrogatorio. Te vas a acordar –pensé, por lo de antes. Esta vez no te voy a preguntar cómo sé que eres una abuelita si no tienes cara de viejecita, para no darte oportunidad a que me digas que eres una “abuelita en chándal”, así que lo que ideé fue hacer más preguntas que las que vienen en el propio libro -y que Ale se sabe de memoria- para ver qué ocurría:
-Abuelita, abuelita ¿por qué tienes esos ojos tan grandes?.
-Abuelita, abuelita ¿por qué tienes esa nariz tan grande?
-Abuelita, abuelita ¿por qué tienes esas orejas tan grandes?
-Abuelita, abuelita ¿por qué tienes esas manos tan grandes?
-Abuelita, abuelita ¿por qué tienes esos dedos tan grandes?.
La abuelita/lobo de tres años y medio comienza a ponerse nerviosa y comienza a pedirme: “¡Dícimelo!, ¡dícemelo!”.
-¿Que te diga el qué? –le pregunto yo como no sabiendo de qué va la historia.
Y entonces con su dedo índice señala sus dientes y me dice un poco enfadada: “¡¡esto, esto!!”.

-¡Ah, vale!, Abuelita, abuelita ¿a que tenemos que cepillarnos los dientes después de cada comida?. ¡Toma ya!, por lo de antes, por lo de la Caperucita de chándal –pensé para mí, riéndome.
-¡¡¡Eso no, eso no!!! me dice la Capuccettina Rosso de Paco-tilla muy enfada, a la vez que gesticula con su pequña mandíbula como si estuviese masticando.
Finalmente para no desesperarla más y que luego el mordisco fuese mayor le hice la pregunta que se imaginan, no sin antes comprobar que tenía el pasillo libre para poner pies en polvorosa.

FIN
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2 comentarios

Pim-Pam-Pum -

Ale es unica, sin duda, más su pobre y viejito papá tambien,je,je. Me he reido muchismo con el cuento, ja,ajja. Gracias por escribirlo.

Irenia -

Jajajajajajajajajajaja. Que siga alimentando su imaginación y frescura por mucho tiempo.
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