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Una Campanilla llamada Ale

Ale la maga

Ale la maga Aunque Ale cree que yo tengo poderes es ella quien realmente los tiene, ella es la maga. Ella hace magia con las palabras, con los números, con su vida y yo simplemente asisto como espectador, el primero de la fila, con todos los sentidos puestos en ella, con los ojos abiertos como platos, para no perderme nada de su función. Guardo cola durante varios días y varias noches para su espectáculo quincenal.

Este domingo recién despertada asalté su cama y le hice la primera de las preguntas existenciales que le harán –y se hará-seguramente en su vida.

Vamos a ver Ale: ¿cuántos dedos tienes en tu mano?. Y Ale obediente los contó así: uno, dos, tes, cuato y cinco. ¡¡¡Muy bien!!!. Y si yo ahora me como este gordito porque tengo hambre y todavía no he desayunado, ¿cuántos te quedan?. Entonces ella se incorpora de la cama me mira tan fijamente que hubiese podido desarmar al mismísimo Gregory Peck en Duelo al sol y antes de responder desenfunda su pregunta: ¿y te lo vas a comer sin mojar en leche?. ¡Bang!. Yo, malherido de risa aún tengo vida para decirle sí. Entonces ella finalmente me contesta: ¡seis!.

Me encanta ver cómo mi hija aprende y sobre todo cómo me enseña cosas que yo no sé. Por ejemplo a quitarse el pijama para ir a bañarse. Ella dice: ¡mira papá sé quitármelo yo sola!, y entonces yo le pregunto: ¿y bañarte?, ¿sabes ya bañarte solita?. Y ella me responde en ese perfecto español de tres años y medio: No eso no, no me aprendí.
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