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Una Campanilla llamada Ale

Hoy venía...

Hoy venía... Hoy venía contento a trabajar, como casi siempre. Tenía en la cabeza lo que iba a escribirte y tenía guardada en el disco duro del ordenador la foto que ahora ves. Venía dispuesto a contar como este fin de semana viniste con un par de hojas en la mano que habías recogido del suelo de lo que debió ser un bonito cuento de Heidi de alguna niña como tú.
Nunca te dejo coger nada del suelo (salvo cuando yo me caigo) ¡cómo te voy a dejar! pero aquellas hojas estaban limpias y tú las traías entre tus manos, ¡te vi con los ojos tan grandes y brillantes! y me hablaste de Heidi: ¡mira papá es Heidi!, ¡y Clara!, ¡y Pedro!, que yo me hice muy pequeño y sólo te pregunté: ¿caería de una nube Ale?, ¿llovería cuentos?, ¡como hacía poco que había llovido!. Tú me dijiste sí, así que ¿por qué no va llover, un día, café en el campo?.

Hoy venía contento a trabajar hija. Por la mañana nunca pongo las noticias en la televisión ni en la radio, hace tiempo que tengo esa sana costumbre. Pero ayer venía escuchando el partido del Madrid en la radio, en la cadena SER y ahí se quedó el dial “me se olvidó” –como tú dices, cambiarlo a Kiss FM. Así que esta mañana cuando arranqué el coche para venir contento a trabajar oí lo que todo el mundo sabe ya a estas horas. Aquí te queda hija, para la historia de tu vida.

Ahora sólo tengo ganas de volverme a casa y salir a navegar. Como hoy no podré hacerlo encenderé la velita que tengo en forma de barco de papel mientras escucho una y otra vez la canción que hoy también te dejo, no me apetece otra, mientras me pregunto qué sentido tiene todo, incluso que te escriba.

Te quiero.
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