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Una Campanilla llamada Ale

El camarero Tonín (1ª parte)

El camarero Tonín (1ª parte) Hay un Café en Gijón que te devuelve al pasado, un Café de más de cien años. Un Café donde imaginar que hubo tiempos mejores, que otro mundo fue posible, e incluso que tu vida pudo haber sido otra. Un Café que sigue conservando el sabor y el olor a café, que se sigue llamando así: CAFÉ.
Todas sus sillas son de madera, redondas y las mesas de hierro fundido y mármol, cuadradas, pero hay una mesa que es mi mesa, en la que tomaba café con mi abuela, en la que se quedaron mis dudas sobre si conseguiría ó no acabar mi carrera de Empresariales y sobre la que desplegué mis cartas náuticas cuando estaba estudiando el título de patrón. El Dindurra, que así se llama el Café, está en el centro de Gijón, en un bajo enorme, comercialmente muy apetecible y sé que algún día vendrá una puta empresa a intentar quitarme también este trozo de memoria, como antes lo hizo el Corte Inglés con la plaza del Sur, o Il Café di Roma con el Cafetón, pero entonces encontrarán allí, aferrado a su mesa y a su silla, armado con un lápiz y un papel al último soldado, dispuesto a morir primero antes que ver morir a su Café. Si algún día vienen a Gijón no dejen de ir al Dindurra. Pero ésta no es la historia que les quería contar.
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