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Una Campanilla llamada Ale

El semáforo sordo

El semáforo sordo Ale piensa que los semáforos oyen y que yo soy mago. Que puedo hacer que se pongan en verde cuando quiero, contamos uno, dos, tres y ¡chas! el semáforo se pone en verde y podemos cruzar la carretera.

El problema surge cuando ella quiere hacer la magia y empieza a decir los números en voz alta: uno, dos, tes, cuato, cinco, seis... hasta que se pierde allá por el número once y entonces vuelve a empezar a contar pero esta vez gritando más alto: uno, dos, tes, cuato... La gente empieza a darse la vuelta y a sonreir al ver a una loca bajita poner todo su alma contando mal sin saber por qué, pero contando en definitiva, mientras yo, con cara de árbol y mirando que no haya por allí cerca un perro, cierro los ojos y me concentro en que nadie me vea (Ale piensa que cierro los ojos para ayudarla).

-Papi, ¡¡hácelo tú!!! –me dice la pequeña peatona.

¡Y cómo defraudarla!, pero no sé cómo ni qué hacer. Al final doy con la solución ¡¡¡porque no se pueden ni imaginar lo que tardan algunos semáforos en cambiar de color y los gritos que puede dar una fan histérica del señorín de color verde!!!.

-Ale creo que este semáforo no te oye -le digo.
-¿Por qué? –me pregunta ella sorprendida.
-Porque no tiene orejas, ¿tú se las ves por algún lado?.
-No –me dice ella, después de haber mirado al semáforo de arriba abajo y dar una vuelta completa.
-Pues eso Ale, este semáforo no oye, está sordo.

Finalmente el semáforo cambia, se pone en verde. ¡Salvado!..... pero sólo hasta el siguiente.
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